Aparte de bien, ¿Cómo estás?
Al margen de ser una mera introducción social, el hecho de preguntar a la otra persona por su estado (de salud, de ánimo, de bienestar…) debería ser una cuestión importante y de la que obtener una respuesta adecuada para poder tratar mejor a quien nos responde.
Realmente, ¿Cuántas veces demostramos verdadero interés por la otra persona? La mayor parte de las veces preguntamos por pura educación y no esperamos recibir ninguna información. En cambio, es una buena ocasión, si nos dan pie para averiguarlo, para ser empático. Es demostrar preocupación verdadera y realista por los demás como muestra de afecto. Ni más ni menos que una de las mejores maneras de empezar cualquier conversación: mostrando interés. Hace unas semanas, en un pie de página y tratando de forma tangencial ese tema, escribía unos cuantos adjetivos para responder en lugar del “bien” cortés y ceremonioso, porque, si tenemos buena sintonía con quien nos pregunta, es importante que sepa, de verdad, cuál es nuestro estado anímico.
También es cierto que nos movemos por sensaciones personales, subjetivas, en algunos casos erróneas, en otros malinterpretadas, pero si no las conocemos, si no sabemos “cómo estás de verdad”, será imposible que podamos tener una buena comunicación y resolver cualquier problema antes de que se enquiste o explote. A fin de cuentas, el hecho, la situación en sí, es la que es, pero la interpretación que hacemos y, por tanto, el comportamiento emocional que sigue será en función, no del hecho, sino de la representación interna que nos hemos construido de ese hecho y ese comportamiento, esa idea, será adecuada o no… En consecuencia, no debemos esperar ningún momento “especial” para demostrar de forma clara y directa cuál es nuestro estado emocional, repito lo que ya he dicho en alguna ocasión: Cuanto más claro sepamos expresarnos, más fácil será que seamos entendidos y como resultado correspondidos.
MM/AT
