“Sujétate con fuerza” siempre es mejor que “tener cuidado de no caerte”.
Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas (Floresta, Argentina; enero 1965) es Pastor de la Iglesia Bautista Ministerio Presencia de Dios, en el barrio de Caballito, Ciudad de Buenos Aires. Destacado escritor y conferencista a nivel nacional e internacional. Sus libros hoy son leídos por todos los sectores de la sociedad. Varias de sus obras se convirtieron rápidamente en best sellers en el mercado argentino. Ha viajado por toda Argentina brindando asesoramiento y capacitación, así como cientos de charlas abiertas al público en general en las ciudades más importantes del país.
No se trata simplemente de hablar en positivo. Debemos ir un paso más allá expresando de manera clara y concisa, a través de nuestro lenguaje, los sentimientos que albergamos. Un ejemplo sencillo, no puedes decirle a tu hijo: “Papá (o mamá) está muy triste por las malas notas que sacaste”, Porque lo que le estás diciendo, en realidad, y de manera encubierta, es que su forma de actuar es la causa de tu infelicidad. Explica, de verdad, cuál es tu sentimiento: “Si no tienes buenas notas, papá (o mamá) se siente decepcionado, porque quiere que crezcas y seas una persona educada y preparada”. El cambio es notable, el resultado, no trasladas al niño la presión de tu felicidad, le enseñas cuál es tu preocupación.
Cuando hablamos de sentimientos, pocas veces usamos palabras que hacen referencia a emociones específicas, en lugar de eso utilizamos palabras generalistas. Así decimos, “Me siento bien”, que puede significar infinidad de cosas; que nos sentimos “contentos”, “ilusionados”, “relajados”, etc. Palabras como “bien” o “mal” impiden que la otra persona se conecte, entienda claramente lo que sentimos en realidad.
Y si es difícil cuando la emoción o el sentimiento es positivo, imagina cuando el mensaje que recibimos es negativo, entonces no solo es generalista, es que, además, si no vamos con cuidado, puede ser demoledor para nosotros. Vamos a trabajarlos un poco para entender esas situaciones y valorar las respuestas. Tenemos cuatro grupos de opciones de respuesta a la hora de recibirlos:
1ª. Culparnos = Vulnera nuestra autoestima. P. ej.: —¡Eres la persona más impuntual del mundo! —“Sí…, seguramente debo serlo…”
2ª. Culpar a los otros = Ira. P. ej.: —¡Eres la persona más impuntual del mundo! —“No tienes derecho a decirme esto. Siempre hago todo lo posible por llegar. ¡Eres un exagerado!”
3ª. Percibir nuestros propios sentimientos y necesidades = Tomamos conciencia de que sentirnos heridos en esta circunstancia deriva de nuestra necesidad de que se reconozcan los esfuerzos que hacemos. P. ej.: —¡Eres la persona más impuntual del mundo! —“Cuando me dices eso, me siento herido, porque yo quiero que reconozcas los esfuerzos que hago para ser puntual”.
Y 4ª. Percibir los sentimientos y necesidades de los otros = Consiste en concienciar a la otra persona de los sentimientos y necesidades que está expresando en ese momento. P. ej. —¡Eres la persona más impuntual del mundo! —“¿Te sientes lastimado porque necesitas que sea tan escrupuloso como tú en el horario? Vale, miraré de esforzarme más”.
Así, en lugar de culpar a la otra persona por lo que sentimos, aceptamos la responsabilidad que nos corresponde y dejamos paso a que la otra persona reconozca (o aprecie) sus verdaderas necesidades, deseos o expectativas. Resumiendo, su sentimiento real. Llegar a este tipo de cuarta respuesta no es un camino fácil, pero hay que tener en cuenta que todos los juicios y críticas que emitimos, así como las interpretaciones que hacemos de los demás, son expresiones de nuestras propias necesidades. Por tanto, cuanto más claros seamos a la hora de expresarlas, más fácil será que seamos entendidos y como consecuencia correspondidos.
MM/AT
