La Frase de la semana 182

Henri-Marie Beyle (Grenoble, enero 1783 – París, marzo 1842), conocido por su seudónimo Stendhal, fue un escritor francés. Quedó huérfano de madre cuando contaba solo siete años. Estudió desde 1796 en la Escuela Central de Grenoble y logró unas altas calificaciones en matemáticas. En 1799 fue a París, con la idea de estudiar en la Escuela Politécnica, pero enfermó y no pudo ingresar. Obtuvo un trabajo en el Ministerio de Defensa y al año siguiente viajó a París como subteniente de dragones, acompañando a la retaguardia del ejército comandado por Napoleón.

 Dejó el ejército y fue a vivir a Milán en 1815, dos años después publicó Roma, Nápoles y Florencia, toda una declaración de su amor por Italia, y donde se describe el llamado síndrome de Stendhal.  Ese mismo año viajó a Roma, Nápoles, Grenoble, París, y por primera vez a Londres, donde regresó varias veces siempre debido a problemas sentimentales. Los años siguientes los dedicó a vagabundear por Europa. De nuevo en Italia, fue expulsado bajo la acusación de espionaje, y tuvo que regresar a París. Valorado por su agudo análisis de la psicología de sus personajes y por la concisión de su estilo, está considerado como uno de los primeros y más importantes representantes literarios del realismo. Entre las obras de Stendhal existen tanto textos autobiográficos como novelas de gran esplendor de la literatura francesa. Pero su fama la debe fundamentalmente a cuatro grandes novelas: Armancia, Rojo y negro, La cartuja de Parma y Lucien Leuwen.

            La frase la escribe Beyle (Stendhal) en una de las cartas a Giulia Rinieri de Rochi, que conoció a Henry Beyle en Paris en enero de 1827 cuando estaba dedicado a escribir su primera novela Armance. Dos años más tarde, la joven – en total contradicción con la tradición de la época – declaró su amor al escritor francés y nació una relación sentimental que llevó a Stendhal, asombrado según él de: «ser amado a los 47», a pedir la mano de la noble de Siena a su tutor. Este negó el consentimiento, pero, a pesar de esto, los dos amantes continuaron escribiéndose entre sí y se reunieron esporádicamente[

            Desde luego, no es necesario llevar una vida tan agitada como la de Stendhal, para que pueda ser considerada divertida. Aburrirse es no tener el estímulo necesario para poner en marcha una idea, es perder el interés. Por el contrario, distraerse, divertirse, es fácil cuando tienes un objetivo a la vista o cuando estás abierto a los cambios. No hay nada peor que una (mala) rutina… ¿Recuerdas lo que comiste ayer? ¿O la ropa que te pusiste hace tres días? Estas son acciones rutinarias que no se recuerdan, porque la rutina no se recuerda. No provoca emociones, y sin emoción, no hay divertimiento, es más ni siquiera dejamos lugar para ello en la memoria.

¿Cómo puedes dotar a tu (rutinaria) vida de un poco de emoción? No es necesario empezar con grandes cosas, te propongo unas cuantas actividades sencillas:

·         Cambia alguno de tus hábitos. Nada complicado, por ejemplo, el trayecto para ir al trabajo.

·         Procura una dieta más saludable. Empieza por algo sencillo, desayuna algo distinto.

·         Llama a esa persona que se te ha pasado por la cabeza, y deja que te hable de su vida.

·         Haz una visita sorpresa a un familiar o un/a amiga/o.

·         Pasa un día sin móvil. Un sábado para evitar problemas con el trabajo…

·         Empieza esa afición que tanto te gustaría haber hecho antes. Realiza cualquier actividad que permita mover tu cuerpo.

·         Aprende, estudia algo nuevo. Eso que siempre te ha interesado y a lo que nunca dedicas tiempo.

·         Mantén una lista de gratitud. Haz una lista de 20 cosas por las cuales estás agradecido. Llena tu vida con esas cosas. Revisa y actualiza la lista de vez en cuando.

·         Ve el humor en cada situación. Siempre hay un lado cómico. Ríete de ti mismo.

Si pones en marcha unas cuantas, seguro que empiezas a generar nuevas emociones, con ellas surgirán nuevos retos, generarás otras experiencias…y no tendrás que preocuparte por la monotonía.  

MM/AT

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