La Frase de la semana 176

Luis Rosales Camacho (Granada, mayo 1910 – Madrid, octubre 1992). Fue un poeta español de la Generación del 36. Estudió en Granada las carreras de derecho y letras, y filología románica en Madrid. Allí publicó sus primeros poemas en la revista Los cuatro vientos. En 1949 publicó su libro más importante, La casa encendida, largo poema narrativo y autobiográfico, ampliado en la reedición de 1967. En 1951 obtuvo el Premio Nacional de Poesía con Rimas.

            Con la gran cantidad de cosas que nos enseñan a lo largo de nuestra vida, nunca, nadie, nos enseñó cómo debemos afrontar y gestionar el dolor. Cuando llega el sufrimiento, del tipo que sea, siempre nos pilla sin saber cómo actuar para sobrellevarlo (o simplemente llevarlo) con cierta capacidad. Puede ser que nos llenemos de rabia, de odio o de tristeza, pues muchas veces vienen con la misma ropa (la explicación en el cuento del final…) y todavía generamos más dolor o, por el contrario, que neguemos su verdad y queramos continuar nuestra vida como si no hubiera ocurrido, hundiéndolo en lo más profundo de nuestra mente. 

Ninguna de esas actitudes nos permite superar esas dificultades. Enterrar esos sentimientos implica que, en algún momento y de alguna manera, volverán. Y posiblemente no será en el mejor momento para ti. Afrontar una situación difícil, vivirla tal y como es, implica sentir dolor. Además, si estamos expuestos al dolor (tanto físico como mental) por un período de tiempo largo, nuestro cerebro puede haberse modificado para percibir las señales de molestia, incluso cuando ya no están. Es decir, podemos sentir ese dolor, incluso si la situación ha cambiado.

La forma en la que sentimos el dolor tiene que ver con nuestras emociones, con nuestra personalidad, el estilo de vida, la genética y las experiencias previas. Por tanto, hay cosas que no podremos cambiar, pero otras, sí.

            Existen varias maneras de trabajar con esta emoción, la escritura expresiva es una de ellas.

Cuando nos ha ocurrido algo malo, desde una pérdida hasta una situación ruin o injusta, muchas veces nuestra mente tiende a repetir una y otra vez la película de los hechos, removiendo ese dolor. Este proceso se llama rumiación  y es una vía directa a la ansiedad y, si no ponemos remedio, a la depresión. Para salir de ese círculo vicioso de pensamientos negativos, la propuesta de la que te hablo es escribir sobre ello.

Cuando escribimos, estamos obligados a identificar las ideas una por una, y darles estructura. Este ejercicio mental nos puede llevar a tener nuevas perspectivas sobre un problema en lugar de dar vueltas siempre a lo mismo. Escribir sobre tus dolores y emociones te ayuda a curarlos y a transformarlos en experiencia. Si es un dolor físico a expresarlo y, por tanto, extraerlo del interior, si es un dolor mental a verlo con diferentes matices.

La manera de llevarlo a cabo es sencilla, escribe durante un máximo de 15 minutos sobre lo que te inquieta. No te preocupes por no ser muy escrupuloso, por los aspectos formales, el texto es solo para ti. Una vez escrito, explora los pensamientos y sentimientos que surgen en torno a él. Sinceramente. Cómo lo vives, cómo te sientes, cómo te afecta.

            Con este simple ejercicio de expresión, de introspección, liberas parte de ese desasosiego interno y puedes ver la situación que te preocupa con otra perspectiva o el dolor que sientes de una manera más llevadera.

MM/AT

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