El conocimiento habla, pero la sabiduría escucha.
Jimi Hendrix
James Marshall Hendrix (Seattle, 1942 – Londres, 1970) Guitarrista estadounidense de rock. Según la discografía oficial, tiene unos veinte discos editados, si bien tan sólo publicó tres en vida. Sin embargo, su genio y originalidad han perdurado de tal modo que medio siglo después de su fallecimiento sigue siendo el referente principal de los grandes guitarristas. Desarrolló la técnica y los efectos de la guitarra eléctrica hasta dotarla de una entidad propia, mediante la saturación de sonido en los amplificadores y el uso del pedal wah-wah para generar efectos sonoros. Sin necesidad de la mitificación que conllevó su desaparición en el apogeo de su carrera, hay unanimidad entre los críticos musicales a la hora de juzgarlo como el más grande guitarrista de la historia del rock.
Trabajó como músico para artistas del soul y el rhythm and blues como B.B. King, Sam Cooke, Jackie Wilson y el dúo que por entonces formaban Ike Turner y su esposa, Tina Turner. En 1964 formó en Nueva York su primer grupo y compuso algunas canciones; por aquel entonces fue descubierto por Chas Chandler, el bajista del grupo The Animals, quien lo invitó a actuar en Inglaterra. Hendrix encontró el éxito en el Reino Unido, durante la gira que entre 1966 y 1967 realizó con su grupo The Jimi Hendrix Experience, un trío que completaban Noel Redding y Mitch Mitchell. Temas como Purple Haze, The Wind Cries Mary y Hey, Joe coparon de inmediato las listas inglesas de superéxitos. A su regreso a Estados Unidos se convirtió en un mito gracias a sus memorables actuaciones en los festivales de Monterrey y Woodstock. Su adicción a las drogas y el alcohol acabó por ocasionarle la muerte como a otras leyendas de la música malogradas (Janis Joplin, Kurt Cobain o, más recientemente, Amy Winehouse), falleció a los veintisiete años, como consecuencia de una sobredosis de barbitúricos.
Dice un anónimo español: “el comienzo de la sabiduría es el silencio”, saber escuchar y posteriormente reflexionar sobre lo escuchado (y/o leído) es la principal fortaleza de los sabios. Es la sutil diferencia entre oír y escuchar: oír, percibir por el oído, y escuchar, que implica intencionalidad, es decir voluntad de atender lo oído. Desde un punto de vista más burlesco Bernard Shaw lo definía así, “prefiero callar y que los demás pienses que soy un idiota, que hablar y que no les quede la más mínima duda” y es que “el silencio es el elemento en el que se forman todas las cosas grandes”, (Thomas Carlyle).
Saber escuchar también es un gran paso hacia la empatía; para entender a los demás, conocer sus habilidades y debilidades, debemos empezar por atender sus palabras. Entre conocimiento y sabiduría, Jimi Hendrix nos diferencia entre el conocer y el saber; conocer estar familiarizado y saber, tener el conocimiento. La mayor parte de nosotros tenemos “conocimientos” sobre nuestras profesiones, algunos nos atrevemos incluso a hablar sobre ello; pero todos, todos, conocemos a aquellos verdaderamente sabios a quien dirigirnos cuando necesitamos una opinión o consejo. Ha sido nuestro jefe, nuestro compañero o simplemente un colaborador en algún proyecto, pero siempre hemos detectado en su silencio, en su escucha, en su forma de proceder que eran personas que merecían ser oídas… y escuchadas.
MM/AT
