Siempre hay que reír. La risa es un filtro contra la adversidad.
Rafael Pérez Gay
Rafael Pérez Gay (Ciudad de México, mayo 1957) es un escritor, editor, periodista, narrador, traductor y ensayista mejicano. Es autor de numerosos artículos sobre la literatura francesa y ha publicado distintos fragmentos de una investigación sobre la prosa y el periodismo mejicano del siglo XIX, entre ellos destacan sus contribuciones de historia literaria sobre autores como Manuel Payno, Ignacio Manuel Altamirano y ensayos sobre la época de Porfirio, autores decadentistas y encrucijadas culturales de fin de siglo.
Cuando nos reímos o sonreímos, nuestro cuerpo libera endorfinas, hormonas que aumentan la felicidad y reducen el estrés. Al igual que, en algún momento, llorar, respirar pausadamente o caminar, la risa es un mecanismo de seguridad para el cuerpo. Los centros del cerebro que regulan la risa son los mismos que controlan las emociones del miedo y la ansiedad. Así pues, la liberación de la risa reduce el estrés o la tensión de una situación e inunda el cuerpo de calma.
¿Qué nos hace reír? Dejando al margen medios físicos, es decir, hacer cosquillas, hay muchas formas de hacernos reír. Buscando clasificarlas, podemos llegar a tres causas: transgresión (hacer / hablar / proponer algo prohibido), sentido de arrogancia o superioridad (hablaríamos de burla) y, por último, incongruencia (presentar dos significados incompatibles en la misma situación que causan una discordancia que sabemos imposible).
Voy a hablar sobre esta tercera causa, la incongruencia… La incongruencia es buena para explicar la risa generada por el humor. Pensemos en un dibujo animado, por ejemplo, el correcaminos (sí, me encantaban…). El coyote nos hace reír cuando se cae por el barranco, le fallan todas sus tretas o nos mira con cara de pasmo esperando el golpe con los ojos fuera de sus órbitas. Pero para ser gracioso, el incidente también debe ser percibido como inofensivo. Nos reímos porque reconocemos que el coyote nunca lastima a los demás, ni se lastima a sí mismo, porque esencialmente su mundo es irreal.
Viéndolo así, podemos reducir la risa a un proceso de tres movimientos. Primero, se necesita una situación que parezca extraña e induzca una sensación de desconcierto o pánico (confusión). Segundo, la preocupación o el estrés que ha provocado la situación incongruente debe resolverse y superarse (resolución). Tercero, la liberación real de la risa actúa como una alarma clara para alertar al resto de que está a salvo (alivio).
En nuestro día a día, en cualquier conversación, la risa es mostrar a los demás que no hay competencia, que no se requiere esa respuesta de lucha o huida ante la situación creada por un probable peligro y manifestar que no hay amenaza o que ya ha pasado. Si la risa de otra persona provoca la nuestra, por su sinceridad, por su alegría, entonces esa persona está indicando que podemos relajarnos, que estamos a salvo, y eso crea confianza. La risa es otra de las herramientas que la naturaleza puede habernos proporcionado para ayudarnos a sobrevivir. Solo hay que ver que “aprendemos” a sonreír y a reírnos muy pronto. Mucho antes de lo que empezamos a hablar.
Además, la risa es internacional, la gente reconoce la risa como risa incluso si es producida por alguien de una cultura distinta o desconocida. Es el único sonido que no necesita interpretación ni traducción. Y por eso suele ser contagiosa. Nos une, nos hace más sociables. Y otra cosa, casi nunca nos reímos solos. Solemos reírnos en compañía. Así pues, ríe, sonríe, provoca la risa, mantén la sonrisa en tu boca y en tu ánimo y seguro que el día será un poco mejor…
MM/AT
