La Frase de la semana 169

George Harrison, apodado «el beatle silencioso» o «místico», por su afición a las religiones orientales (Liverpool, febrero 1943 – Los Ángeles, noviembre 2001) fue un guitarrista y compositor británico de música pop, miembro fundador de los Beatles. George Harrison nació en Wavertree, suburbio de Liverpool, ciudad por entonces devastada por los aviadores nazis. Era el hermano más pequeño de los cuatro hijos de Harold, que fuera marino mercante, y de Louise, que trabajaba en una verdulería.

A los trece años le compró a un amigo su primera guitarra, por algo más de tres libras. Por entonces se hizo amigo de Paul McCartney, con quien realizaba el mismo trayecto diario en autobús. Paul le presentó a John Lennon, con quien formaba el grupo The Quarrymen. George se uniría a ellos más tarde, ya que entonces era demasiado joven (catorce años). Harrison participó desde el inicio en The Beatles, tocando durante años en clubes de Liverpool y Hamburgo. La historia del grupo emprendió el vuelo cuando, en 1962, el mánager Brian Epstein les consiguió un contrato con EMI y grabaron Love me do. Durante esa sesión fue expulsado el batería Pete Best. Su sustituto, Ringo Starr, se convertiría en uno de los mejores amigos de George hasta el final de sus días. En 1970, poco después de la separación oficial de la banda, publicó el triple All things must pass, que contenía el éxito My sweet lord, una oda al Hare Krishna que fue el primer número uno en ventas logrado por un beatle en solitario. A mediados de los años setenta se separó de Patti, su mujer que lo abandonó por su amigo Eric Clapton (un hecho muy publicitado por la prensa, aunque ellos nunca abandonarían su amistad). Poco después se casó con su segunda y última esposa, Olivia Arias. Ese mismo año impulsó la productora cinematográfica Handmade Films, creada para sacar adelante la película “La vida de Brian”, de los Monty Python. Harrison murió de cáncer en Los Ángeles, California.

Puedes llamarlo de la manera que quieras, pero la búsqueda de tu destino es lo único importante en la vida. Viktor Frankl (Libro: El hombre en busca de sentido) sobreviviente de los campos de concentración nazis lo explicaba de forma magistral: “no siempre fueron los mejores los que sobrevivieron, pero, generalmente, eran quienes tenían un propósito en la vida: creer en alguien o algo que los esperara después del infierno por el que habían pasado”.  Voltaire, del que se dice que era un antirreligioso radical, escribía: “Si no existiera Dios tendríamos que inventarlo…” Creer en Dios, con el sobrenombre que quieras darle, Yahvé, Jehová o simplemente karma es la única manera de conciliar nuestra alma con nuestro cuerpo. No se trata de ser (o no ser) religioso, se trata de entender que la vida es algo más.

No intento, (ni deseo) hacer ningún tipo de declaración a favor o en contra de Dios. No me refiero a tener por cierto o probable su existencia, eso lo dejo a la reflexión de cada uno. Hablo de la búsqueda de una razón para nuestra vida. Una conciencia que no siempre nos aparecerá dada de forma clara y sencilla.  No podemos pedir esperando que la Providencia nos haga llegar sus dádivas. Te pongo un ejemplo… Si buscas/quieres paciencia, ¿crees que esa Providencia te dará paciencia?, ¿o más bien te dará la oportunidad de ser paciente?… Si buscas valor, ¿crees que ese Destino te dará valor?, ¿o más bien te dará la oportunidad de ser valeroso?

Creer viene del latín credere, pero este a su vez se compone de una doble raíz indoeuropea: kerd (corazón, cordial, acuerdo, coraje) y dheh (poner, dejar, donar, entregar). Entonces, creer, etimológicamente viene a ser: “dónde pongo el corazón”.

Así que, dime: ¿Dónde pones tu corazón? ¿En la esperanza que todo se arreglará por sí solo o, por el contrario, ayudarás a tu destino a cumplirse?

MM/AT

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