La Frase de la semana 166

Miyamoto Musashi (Harima, marzo 1584 – Reigandō, junio 1645) fue un guerrero famoso del Japón feudal. Su nombre completo es Shinmen Musashi no Kami Fujiwara no Harunobu. La relación con su padre fue tumultuosa. Broncas y golpes fueron frecuentes, esto forjó su carácter en el que siempre mostró desprecio por su seguridad personal. Luchó más de sesenta veces a muerte y venció en todas. Pero también desarrolló otras facetas que merecen la pena explorar. Musashi, con el paso de los años, desenvolvió una intensa vida artística, siendo un excelente pintor y un gran calígrafo.

Su obra culmen, es “El Libro de los Cinco Anillos”, donde la filosofía y su experiencia en combate se funden. El libro abarca temas como la táctica y la estrategia, el desarrollo físico y mental de un guerrero y cuál es el ideal del samurái. Las frases de Musashi son directas, y muestran a un hombre que, a pesar de ser un brutal guerrero, poseía un agudo ingenio y sensibilidad.

En la introducción, Musashi afirma que su primer duelo fue a la edad de 13 años, aunque posiblemente el duelo más famoso de Musashi fue el de Ganryu, en el año 1612, cuando contaba 30 años. En la provincia de Buzen, se batió con Sasaki Kojirō, un samurái con fama de invencible. Este había conseguido desarrollar una técnica de combate basada en el movimiento de ‘la cola de la golondrina en vuelo’, conocida como Tsubame gaeshi. El nombre de su espada, o como él la llamaba, era «El palo de secar». Era una nodachi (espada de batalla) de borde recto con una hoja de más de 90 cm de longitud. En la mañana del encuentro, Musashi se trasladó en barca hasta la isla donde debía realizarse el duelo. Durante el trayecto, talló con su wakizashi (sable corto tradicional) un remo de repuesto del barquero, y se hizo una espada grande de madera. Musashi saltó de la barca y caminó sobre el agua hasta la arena. Llegaba bastante tarde y eso enfureció a su oponente. Cuando se aproximaron los contrincantes, Sasaki Kojirô desenvainó su katana y tiró la vaina al suelo. Viendo esto, su contrincante le dijo: «Has perdido el duelo Kojirô». Kojirô le preguntó por qué. Musashi dijo: «Has perdido contra mí en el momento en el que has desenvainado y has tirado la vaina al suelo. Has hecho eso porque sabes que no las vas a necesitar más». (Otra frase que daría mucho juego…)  Después de semejante afirmación comenzó el combate. Durante la batalla, después de esquivar un golpe lanzado por Kojirô, Musashi se colocó de espaldas al sol y se lanzó hacia él, derrotándolo de un preciso golpe en la cabeza. Después de vencer a Sasaki Kojirō, considerado uno de los más hábiles samuráis de la época, pasó por una gran alteración espiritual. A partir de entonces, jamás en su vida volvió a usar las espadas verdaderas en ningún duelo, solamente usaría las espadas de madera (o bokken).

            Bueno, me he enrollado bastante con la historia de Musashi, si queréis saber más sobre él tenéis el libro: MUSASHI. Mi enemigo, de Masaki Kinoshita, donde explica muchas más historias.

Retomemos la frase, “todo es difícil al principio…” es la premisa de cualquier actuación. Ya sabemos aquello de “el primer paso no te lleva a dónde quieres ir, pero te saca de dónde estás” (anónimo), y ese primer paso es, sin duda, de los más difíciles de dar. Para hacerlo hace falta primero, convicción, segundo decisión y tercero, fortaleza. Convicción para entender la insostenibilidad de mantener la situación, decisión de querer cambiar ese status y fortaleza para dejar el encuadre mental y arriesgarse. Muchas veces, iniciado ese primer paso, nos damos cuenta que no era tan difícil, que los riesgos eran mayores en nuestra cabeza que en la realidad, aun así, cada vez que tenemos que tomar una decisión de cierta envergadura tenemos momentos de incertidumbre. Bien, entonces es cuando debemos pensar en la sentencia de Musashi: Sí, podría ser difícil al principio… pero, ¿qué no es difícil al principio?

         MM/AT

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