Ikigai
Sólo si permaneces activo querrás vivir cien años.
Proverbio japonés.
Ikigai (生き甲斐) es un concepto japonés que no tiene una traducción literal, pero puede definirse como «la razón de vivir» o «la razón de ser», lo que hace que la vida valga la pena ser vivida. Todo el mundo, de acuerdo con la cultura japonesa, tiene un ikigai.
La pirámide de Maslow nos situaba las necesidades más perentorias del ser humano en una base: alimentación, cobijo y sexo. Una vez resueltas estas necesidades, la persona puede dedicar tiempo y energía a satisfacer el siguiente nivel: seguridad, familia y trabajo. El tercero, que engloba la amistad y la intimidad sexual, y el cuarto, el éxito y el autorreconocimiento. Finalmente, y cuando estas aspiraciones están también satisfechas, el humano puede dedicarse a su propósito último, la autorrealización. Los japoneses tienen un concepto para definir esta satisfacción vital: ikigai, que vendría a significar «el sentido de la vida» o «aquello para lo que hemos sido llamados»; aunque también señalan que no es un estilo de vida y que más bien es algo bastante práctico.
Encontrarlo requiere de una búsqueda interior, profunda y a menudo prolongada. Esta búsqueda se considera de mucha importancia, ya que se cree que el descubrimiento del propio ikigai trae satisfacción y sentido de la vida.
Hasta aquí, las definiciones, ahora… ¿Cómo se puede encontrar la “razón para vivir”?
Los expertos recomiendan comenzar con cuatro preguntas que puedes presentar en forma de círculos con partes donde se vayan cruzando: ¿Qué amas?, ¿en qué eres bueno?, ¿qué necesita el mundo de ti?, ¿Qué puedes hacer para que te paguen?
Las intersecciones que vayan cruzándose te irán dando una cierta idea de cómo se va perfilando, así, entre lo que amas y lo que necesita el mundo tendrás tu misión; entre lo que necesita el mundo y por lo que te pueden pagar tendrás tu vocación; entre por lo que te pueden pagar y en lo que eres bueno estará tu profesión y entre lo que eres bueno y lo que amas está tu pasión. Encontrar las respuestas y un equilibrio entre estas cuatro áreas podría ser un camino hacia el ikigai, aunque en la cultura japonesa, ikigai es un proceso más lento y, sobre todo, no tiene nada que ver con el trabajo o los ingresos[1].
El periodista Francesc Miralles, autor junto a Héctor López, ingeniero residente en Japón, del libro”’Ikigai, los secretos de Japón para una vida larga y feliz”, viajaron al pueblo de Okinawa, donde se concentra la mayor población de centenarios del mundo y preguntaron a los ancianos qué era lo que les movía para tener ganas de vivir. La palabra que solían pronunciar era ikigai. Para el japonés, el ikigai va más allá de la satisfacción personal, tiene mucho que ver con su rol en la familia y en la sociedad. Por supuesto, el concepto de ikigai no es extrapolable exactamente a occidente porque está imbuido de la propia dinámica social de Japón. Ni tampoco está relacionado con la felicidad individual (Japón ocupa el puesto 54º de los países más felices), pero podríamos adaptarlo como objetivo para identificar aquello en lo que eres bueno, que te da placer realizarlo y que, además, sabes que aporta algo al mundo. Que cuando lo llevas a cabo, tienes más autoestima, porque sientes que tu presencia en el mundo está justificada. Está claro que el resultado de todo esto, para nosotros, no es más que la felicidad.
MM/AT
