La Frase de la semana 157

Eduardo Chillida Juantegui (San Sebastián, enero 1924 – ibídem, agosto 2002) fue un escultor y grabador español conocido por sus trabajos en hierro y en hormigón, destacado continuador de la tradición de Julio González y Pablo Picasso. Sus primeras esculturas son obras figurativas, torsos humanos tallados en yeso. Alrededor de 1951, se inicia en el trabajo del hierro. Emprende entonces un ciclo de esculturas no imitativas, yendo en aumento su preocupación por la introducción de espacios abiertos. Cada una de sus obras plantea un problema espacial que trata de resolver con la ayuda del material, según las características o propiedades del mismo y siempre intentando captar el espacio a base de ritmos geométricos que lo estructuren arquitectónicamente. Algunos ejemplos son el Peine del viento, Música de las esferas, Oyarak (Eco) y Espacios sonoros. En Peine del viento la naturaleza interviene como un elemento más, sin forzarla. Recurre al viento y al agua, intentando que todos formen parte de la escultura.

Desde la década de 1980, se especializa en la instalación de piezas de grandes dimensiones en espacios urbanos o en la naturaleza, que contraponen la masa y el espacio. En 1987, Chillida inauguró su obra «Gure Aitaren Etxea» en el Parque de Europa de Guernica-Lumo. La obra consta de un muro de hormigón con una ventana enorme. Dentro de ese muro con forma de «U», hay una pequeña escultura de bronce donde puedes meter la cabeza y tiene función de telescopio. Al meter la cabeza en esa obra pequeña y mirar tras la enorme ventana, se ve el Árbol de Gernika. Como anécdota, a principios de los años 1940 fue jugador de la Real Sociedad de Fútbol, disputando 14 partidos. Dejó el fútbol debido a una lesión de rodilla.

Coincidiendo en la apreciación que da Eduardo Chillida hay que tener en cuenta que no son dos conceptos contrapuestos. Se puede mantener la dignidad y a la vez sentir miedo. Es más, creo que es lo saludable. En cualquier situación en la que debamos defender nuestra posición, de forma honesta y honorable – hablo de dignidad, no de orgullo – hacerlo por encima de cualquier temor es una señal de fortaleza. Eso no quiere decir que vayamos a conseguir siempre nuestro objetivo: mantener nuestras acciones de acuerdo a nuestras ideas, pero por lo menos habremos dejado clara nuestra visión.

Escribía José Luis Borges: “Hay derrotas que tienen más dignidad que la misma victoria”. Y entiendo perfectamente el porqué: Primero, porque solo cuando caes con dignidad, tienes fuerzas para levantarte de nuevo, y, segundo, porque eclipsar ese miedo es la manera de mantener cierto respeto por nosotros mismos. Recuerda: “el dolor siempre dura menos que la vergüenza, el miedo o la cobardía”.

MM/AT

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