La Frase de la semana 153

Silencio en la nieve es el título que se puso a la novela El tiempo de los emperadores extraños para llevarla a la pantalla en 2012. Está dirigida por Gerardo Herrero y la trama es la siguiente: Invierno de 1943. Frente de Leningrado. Un soldado de la División Azul (la 250. Einheit spanischer Freiwilliger de la Wehrmacht) es hallado sin vida en un lago, con una enigmática frase grabada en su pecho: «Mira que te mira Dios». Será el primero de una cadena de crímenes tan brutales como inconexos.

Ignacio del Valle (Oviedo, Asturias, 1971) es un escritor que ha publicado hasta 2021 doce novelas y un libro de cuentos. Este último se titula Caminando sobre las aguas (2013), y las anteriores novelas, Cuando giran los muertos (2021), Coronado (2019), Índigo mar (2017), Los días sin ayer (2016), Soles negros (2016), Busca mi rostro (2012), y Los demonios de Berlín (2009), que es la continuación de El tiempo de los emperadores extraños (2006). Del Valle ha recibido numerosos premios como el Ateneo de Sevilla, Buenos Aires Negro, Violeta Negra del festival de Toulouse o el premio de la Crítica de Asturias (en dos ocasiones). Su obra ha sido traducida a varios idiomas. Mantiene todos los lunes una tribuna de opinión en el diario El Comercio de Gijón y colabora con El Viajero de El País y diversos medios. También imparte conferencias y talleres. De 2012 a 2015 ocupó el cargo de subdirector y coordinador para Europa de la fundación cultural Mare Australe de Panamá. En 2016 fue publicando la novela por entregas Los días sin ayer en El País Semanal con ilustraciones de Miguel Navia. Desde 2010 dirige la sección cultural Afinando los sentidos en La Brújula de Asturias Onda Cero Radio.

La frase tiene mayor profundidad de lo que parece en una primera lectura. Pasado y verdad son inmutables, entonces… ¿Realmente es así, como nos dice Ignacio del Valle? Mi opinión es que sí aunque por diferentes motivos. Ninguno de los dos va a cambiar por mucho que lo deseemos o queramos. Así que preguntar, según qué cuestiones, es inútil.  Al pasado no tienes nada que preguntar solo hay que asumirlo. Dejemos el pasado, pasado. A la verdad, preguntar, tampoco cambiará los hechos. Son los que son.

Es el dilema de formular bien las preguntas. Aquello que ya he mencionado alguna vez de no preguntar nunca por qué. Al pasado, como mucho, habría que preguntar: ¿para qué me ha servido lo ocurrido? ¿qué he aprendido? ¿Cómo procuro que no vuelva a repetirse (o sí)? ¿Cuáles son las enseñanzas que me deja? Todas preguntas que pueden aportar algún tipo de conocimiento, lo que llamamos experiencia, de cara al futuro.

En cambio, a la verdad no tienes que buscarle razones, si acaso aclaraciones: ¿Cómo me afecta? ¿afectará a alguien más? ¿qué efecto tendrá en mí o en los míos? ¿qué aspectos positivos puede aportarme? ¿tengo todos los recursos necesarios para asumirla? Todas preguntas que no cuestionan la verdad, pero que pueden ayudar a hacerla más soportable en caso de que su realidad nos hiera.

MM/AT

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