Nadie empieza una guerra nuclear con solo cinco misiles.
Stanislav Petrov
Stanislav Yevgráfovich Petrov (Vladivostok, septiembre 1939 – Friázino, mayo 2017) fue un teniente coronel de las Tropas de Defensa Aérea Soviéticas que desempeñó un papel clave en el llamado incidente del equinoccio de otoño en 1983. El 26 de septiembre de 1983, Stanislav Petrov, era el oficial de guardia en el búnker Serpukhov-15, cerca de Moscú, que ocupaba el centro de mando de los satélites soviéticos de alerta temprana. Las responsabilidades de Petrov incluían la observación de la red y notificar a sus superiores de cualquier inminente ataque de misiles nucleares contra la Unión Soviética. Si se recibía notificación por parte de los sistemas de alerta temprana de que se habían detectado misiles entrantes, la estrategia de la Unión Soviética era un contraataque nuclear inmediato contra los Estados Unidos, dentro de la llamada “doctrina de la destrucción mutua asegurada.”
Poco después de la medianoche, las computadoras del búnker informaron de que un misil balístico intercontinental se dirigía hacia la Unión Soviética desde los Estados Unidos. Petrov consideró la detección como un error de la computadora, ya que un primer ataque de los Estados Unidos era probable que involucrara a cientos de misiles simultáneamente lanzados con el fin de desactivar cualquier medio soviético de un contraataque. Petrov desestimó la advertencia como una falsa alarma. Más tarde, los equipos identificaron cuatro misiles adicionales en el aire, todos dirigidos hacia la Unión Soviética. Petrov volvió a sospechar que el sistema informático no funcionaba bien. El radar terrestre de la Unión Soviética fue incapaz de detectar misiles más allá del horizonte, y si esperaba a que se identificara positivamente, la amenaza implicaría limitar el tiempo de respuesta de la URSS a unos pocos minutos, aun así, no dio la señal de alarma. Posteriormente, se determinó que las falsas alarmas fueron causadas por una rara alineación del sol que se había elevado sobre el horizonte en el ángulo exacto para que los satélites interpretaran sus señales térmicas como un ataque de misiles. Al explicar los factores que conducen a la decisión, Petrov se refirió a su creencia y la formación de que cualquier primer ataque de Estados Unidos sería masivo, por lo que cinco misiles parecían un comienzo ilógico. Cuando le preguntaron por qué no había dado la alerta, contestó simplemente: “La gente no empieza una guerra nuclear con solo cinco misiles.”
Bueno, en los momentos que estamos viviendo me ha parecido interesante recordar la frase de Petrov y el famoso incidente del equinoccio… Bromas (macabras) aparte, me parece que esta versión de la navaja de Ockham es llevarla a su punto más álgido. Decía el fraile franciscano Guillermo de Ockham: «en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable» En ese caso, dar por supuesto que una guerra de esas características, no se iniciara con un lanzamiento aislado, parecía lo más probable.
Volvamos a la frase, normalmente cuando recibimos una afrenta, del tipo que sea, pocas veces nos paramos a pensar el grado o intensidad. Nuestros sentidos se embotan por el enfado, ira, vergüenza, etc. y lo que buscamos es una reparación o respuesta inmediata. Y a ser posible de mayor magnitud que la recibida. ¿Qué hubiera pasado si Petrov, siguiendo la cadena de mando, hubiera notificado el aviso a sus superiores? Podemos imaginarlo. Por suerte (para todos) fue lo suficientemente pausado para interpretar los datos desde un punto de vista lógico más que pasional.
Es así como debemos actuar en todas las ocasiones. Ya no se trata solamente de aquello tan manido de contar hasta diez, que está bien si no eres capaz de pensar más fríamente. Lo que debemos hacer es: primero, no dejar que nos dominen nuestros sentimientos más primarios, miedo, ira, etc. y segundo, valorar lo que nos está ocurriendo como una forma de mejorar nosotros mismos. Si somos capaces de dejar pasar ese primer impacto seguro que nuestra reacción a cualquier problema será mucho más medida, cauta y, por tanto, acertada.
MM/AT
