Hay algunas cosas que son tan serias que solo podemos bromear con ellas.
Niels Bohr
Niels Henrik David Bohr (Copenhague, octubre 1885 – Idem, diciembre 1962), fue uno de los físicos más reconocidos de la historia. Cursó estudios en la universidad de su ciudad natal, doctorándose en 1911. Su teoría de la estructura atómica, que le valió el Premio Nobel de Física en 1922, se publicó en una memoria entre 1913 y 1915. En el año 1916, regresó a la Universidad de Copenhague para impartir clases de física, y en 1920 fue nombrado director del Instituto de Física Teórica de esa universidad.
Fue obligado a permanecer en Dinamarca después de la ocupación alemana del país en 1940. Sin embargo, consiguió escapar a Suecia. Desde allí, viajó a Inglaterra y por último a los Estados Unidos, donde se incorporó al equipo que trabajaba en la construcción de la primera bomba atómica. Se opuso a que el proyecto se llevara a cabo en secreto porque temía las consecuencias de este nuevo invento. En 1945, volvió a la Universidad de Copenhague donde inmediatamente comenzó a desarrollar usos pacifistas para la energía atómica. Organizó la primera conferencia ‘Átomos para la paz’ en Ginebra, celebrada en 1955.
¿Cuál es la mejor manera, si no la única, de quitar hierro a cualquier asunto demasiado serio? Bromear con él. Buscar y realzar la parte graciosa o irónica, o trabajar la parte cómica del tema. Es la forma de poder acercarnos a cualquier cuestión escabrosa sin hacer, ni hacernos, demasiado daño. Pero, hay que diferenciar entre bromear y tomarlo a broma. Son las dos acepciones de la palabra que pueden dar derivaciones muy dispares.
Bromear es divertir o hacer reír enfrentando a una persona a una situación inesperada o extraña, deformando la realidad, y en el contexto de la frase, para que ésta no sea tan desagradable o tan difícil de asumir. Tomar a broma, por el contrario, es aquella cosa que se hace o sucede y que, aunque aparentemente no tiene especial trascendencia, tiene consecuencias que resultan caras, molestas o desagradables. Misma palabra resultados casi inversos. Niels Bohr habla de la primera, está claro.
Aprender a reírnos de los problemas es una buena manera de contextualizarlos; es darles la medida real y adecuada para poder resolverlos. Es, en definitiva, adoptar la mentalidad de solucionarlos – o aceptarlos. Puede que, en algunos casos, por la trascendencia, magnitud o relevancia del problema te cueste verlos así. Puede que, en el primer momento, cuando estás en pleno pico emocional no seas capaz de encontrar ese lado cómico. Bueno, respira profundamente, deja que pase la emoción, quédate únicamente con la realidad objetiva, no aquella que surge de tus vísceras y valora la composición del enredo. ¿Te acuerdas de Perls? Te refresco la memoria de lo que dice su teoría:
El 40% de las cosas que nos preocupan no llegarán a ocurrir nunca.
El 30% de las cosas que nos preocupan son porque ya han ocurrido, por lo que no tiene sentido preocuparse.
El 12% de las cosas que nos preocupan están relacionadas con temas de salud que no tienen solución por nuestra parte.
El 10% de las cosas que nos preocupan afectan a preocupaciones diversas cuyos efectos se anulan entre sí.
El 8% de las cosas que nos preocupan son las que merecen nuestra atención.
Y no se resolverán preocupándonos.
Lo que resulta eficaz es ocuparse de ellas en su debido tiempo…
Ahora pregúntate, ¿en qué categoría están tus preocupaciones?, ¿seguro que llegará a ocurrir?, si ya ha ocurrido… ¿Se volverá a repetir?, ¿Tengo yo la solución para evitarlo?, ¿puedo corregirlo?
O mejor aún ¿Se resolverá preocupándome? Seguro que no. Mejor ríete un poco y ves a buscar la solución.
MM/AT
