El destino siempre se lee hacia atrás.
Manel Menal
La cita está basada en una frase de H. Murakami en su libro Crónica del pájaro que da cuerda al mundo: «El destino es algo que se debe mirar volviéndose hacia atrás, no algo que deba saberse de antemano«, a la que él le da un giro mucho más profundo. Yo me quedo con la primera parte que ya me parece suficientemente potente.
Somos las decisiones que hemos tomado. Nos convertimos en aquello que, día a día, vamos levantando. Por tanto, nuestro futuro no es más que la definición de los actos que ya hemos ido construyendo y que nos abocan a un desenlace que llamamos destino. Todos los actos de nuestra vida condicionan nuestro futuro, o mejor dicho cómo actuamos con los hechos que nos ocurren nos predisponen a las repercusiones futuras. No es (solo) lo que nos ocurre es cómo reaccionamos a lo que nos ocurre. Decía el profesor Randy Pausch: “no podemos cambiar las cartas que se nos reparten, solo podemos elegir como jugar la mano”, ese es la finalidad de la partida. “Jugar” con los recursos que nos ha dado la vida para tener el mejor destino posible.
¿Cómo hacerlo? No hay soluciones mágicas, no hay una solución única. Cada uno de nosotros debe buscar la manera de “jugar su mano”. Yo te propongo trabajar sobre una de esas posibles soluciones: trabaja tus creencias.
Tenemos dos tipos de creencias, creencias potenciadoras y creencias limitantes. Sobre éstas segundas hablaré. Hay tres tipos de creencias limitantes que por tanto generan tres tipos de resultados negativos:
De posibilidad: “Nadie puede…” provoca desesperanza.
De capacidad: “Yo no puedo…”, provoca impotencia.
De merecimiento: “No lo merezco…” provoca indignidad.
Para las tres, y como siempre, debemos buscar aquellas preguntas que hagan dudar sobre su veracidad: ¿Seguro?, ¿Nadie ha podido…? ¿Alguien lo ha hecho? ¿Nunca has podido? ¿en ningún momento has podido…? ¿Jamás has merecido? ¿en ningún momento has sido merecedor?
Hay muchas posibilidades donde trabajar este cambio de creencias. Por ejemplo, en la frase: “Con todo el trabajo que tengo (ambiente) no hablo bien inglés (conducta) porque no tengo tiempo de aprenderlo en condiciones (capacidad), así no podré prosperar (valor) ya que soy incompetente (identidad)”.
En cada uno de esos paréntesis podemos actuar. Realmente ¿es por la carga de trabajo que no estoy dispuesto a mejorar?, ¿cómo puedo perfeccionarlo? ¿tengo la capacidad para hacerlo? ¿necesito ascender para sentirme mejor? ¿es un fracaso no aprender inglés? ¿no estoy cualificado para hacer otras cosas? ¿tengo preparación y estoy dispuesto? Bien, ya ves que las cuestiones pueden ser muchas y que cada una pregunta por diversos puntos. Ahora, cambia inglés por aquello que te preocupa sobre tu futuro y vuelve a hacer las preguntas. Como ves todo se basa en crear y creer… y la primera persona del singular del presente de indicativo es la misma para ambos verbos: yo creo.
MM/AT
