Somos lo que somos porque primero nos lo hemos imaginado.
Donald Curtis
Donald Curtis (febrero 1915 – mayo 1997) fue un actor estadounidense que tuvo papeles en docenas de películas y series de televisión. Curtis nació en Spokane, Washington y antes de comenzar a actuar en películas, enseñó en la Northwestern University, Allegheny College y Duquesne University. Además de su carrera como actor, Curtis fue ministro de su iglesia. En la década de 1950, fue pastor de la Iglesia de Ciencias Religiosas en Santa Bárbara, California. La primera experiencia de Curtis como actor fue en Pasadena Community Playhouse. También participó en dos obras de Broadway, Caribbean Carnival (1947) y Anybody Home (1949).
La frase es verdad tanto para bien como para mal, es decir, si pasamos toda nuestra vida quejándonos de lo que nos está ocurriendo estamos llamando a continuar en esa situación. Nuestra mente actúa atrayendo lo que repetimos. En este caso habituarnos a una situación nociva o negativa dejando que pase de ser coyuntural a estructural hace que nos conformemos a seguir en ella.
Por el contrario, si intentamos ponerle remedio, es decir, salir de ese círculo y luchar contra ese entorno es muy posible que consigamos cambiar el futuro. Decía George Bernard Shaw, “la imaginación es el principio de la creación. Imaginamos lo que deseamos, queremos lo que imaginamos y, por fin, creamos lo que queremos”. Es la misma fórmula un poco más elaborada: primero deseamos, después imaginamos, en función de eso trabajamos lo que queremos y al final lo creamos.
Y es que trabajar por crear nuestro destino es eso. Pero no solamente eso. Debemos imaginar lo que queremos ser y después poner todo nuestro empeño en alcanzarlo. No podemos esperar que las cosas ocurran por el simple hecho de desearlas, hay que poner todos los medios a nuestro alcance para conseguirlas… ¡y explicarlas!
Una de las mejores maneras de “obligarnos” a conseguir aquello que queremos es explicarlo a los demás. Es compartir nuestra ilusión y de paso ser conscientes que, de no impulsar nuestra voluntad hacia ese destino, los demás también sabrán que no lo conseguimos por desidia y no por impotencia. El sociólogo Rafael Echevarría lo define muy bien: “somos el relato que nosotros y los demás contamos de nosotros mismos”. Un relato que puede no ser únicamente narrado, nuestros gestos y acciones dirán tanto o más que nuestras palabras.
MM/AT
