Nunca preguntes “porqué” ni añadas un “pero” a tu respuesta.
Manel Menal
La frase de esta semana no es más que un par de consejos para mejorar la comunicación.
No es nunca el “porqué” la pregunta que nos dará la respuesta definitiva a una acción o comunicación que hemos recibido. La pregunta importante es el “para qué”.
“Porqué” es una pregunta al pasado, es querer averiguar causas de hechos que ya no seremos capaces de repetir pues su tiempo ya ha ocurrido y sus consecuencias son irreversibles. Si de verdad quieres cambiar el futuro tienes que trabajar sobre el presente. Se trata de modelar el “cómo” y aprovechar el “para qué”. Hay que partir de la premisa de que todo el mundo elige la mejor opción de que disponen en su momento para tomar una decisión. También nosotros, aunque no seamos conscientes de ello. Partir de esa premisa, conocerla, nos permitirá acercarnos a los otros con compasión, perdonar si es el caso, o como mínimo mejorar la comprensión. No preguntes porqué han actuado así, no lo sabían hacer mejor en ese momento. Pregúntate, mejor, qué valor positivo tendrá para ti. Seguro que encontrarás alguno. Todos actuamos desde nuestro marco de referencia porque cada uno actúa desde su modelo de mundo, si somos capaces de entender que la respuesta recibida era la única que nos podían dar, estamos abiertos a aprender de ella.
Adaptar nuestra mente a esa flexibilidad influirá en nuestro comportamiento y nos ayudará a tomar mejores decisiones. Por ejemplo, si recibes una contestación que consideras inoportuna y te enfadas pierdes esa flexibilidad y, entre otros, pierdes el control de los procesos de comunicación (seguramente gritas y gesticulas). Otro caso, si estás triste, o simplemente apenada o apenado por la acción recibida de otra persona pierdes la objetividad de la acción, te puedes sentir herida/o y por tanto dispuesta/o a vengarte. Si por el contrario eres capaz de retener la premisa anterior, “no lo saben hacer mejor”, seguramente tu reacción será mucho más pausada y con un nivel de frustración más bajo.
Segundo consejo. Utiliza “y” en vez de “pero…”. Un “pero” es un borrado de todo lo anterior. Es igual lo elogiosa o agradable que haya sido la primera parte de tu respuesta, si añades un “pero” acabas de tachar o como mínimo empequeñecer todos los adjetivos atractivos que hayas dicho anteriormente. Al poner un “pero…” a nuestro comentario nos volvemos condescendientes a los ojos de quien lo recibe y hacemos que su propia percepción de lo alcanzado se minimice o se malinterprete. Si quieres sugerir cambios o mejoras – y es el momento adecuado – utiliza el “y”.
Entre “Me ha gustado eso que has hecho, pero mejor podrías haber hecho…” y “Me ha gustado eso que has hecho y creo que puedes mejorarlo haciendo…” hay un mundo. Es la intención de mejorar, es la empatía (y honestidad) a la hora de dar una apreciación. Si la primera parte de la frase es una caricia, la segunda no puede parecer una bofetada tiene que ser una sugerencia con tacto.
Como siempre, puede que penséis que su aplicación es únicamente para el ámbito profesional, os invito a que lo trasladéis también a cualquier otro ámbito de vuestra vida.
MM/AT
