Aquello a lo que te resistes, persiste. Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.
Carl Jung
Carl Gustav Jung (Suiza, julio 1875 – Idem, junio 1961) fue un psicólogo y psiquiatra que estudió medicina en Basilea, e inició su actividad a principios de siglo en la clínica de psiquiatría de la Universidad de Zurich, de la cual fue luego médico director.
Fue colaborador de Sigmund Freud en sus comienzos, pero enseguida surgieron divergencias entre sus pensamientos. Carl G. Jung denominó a su doctrina «psicología analítica», y luego «psicología compleja» para distinguirla incluso en el nombre del psicoanálisis de Freud. Jung no fue el primero en dedicarse al estudio de la actividad onírica. No obstante, sus contribuciones al análisis de los sueños fueron extensas y altamente influyentes. Escribió una prolífica obra. Aunque durante la mayor parte de su vida centró su trabajo en la formulación de teorías psicológicas y en la práctica clínica, también realizó aportaciones en otros campos de las humanidades, desde el estudio comparativo de las religiones, la filosofía y la sociología hasta crítica de arte y literatura.
“Resistirse a algo es solo una manera de que ello permanezca en nuestra mente y se presente nuevamente en el futuro”. Es otra de las sentencias de Jung, la sabiduría popular lo dice con palabras sencillas, es aquello de “lo que no dejas ir, lo cargas. Lo que cargas, te pesa. Y lo que te pesa, te puede hundir”. Si aprendemos a soltar, o utilizando algunos seudónimos: perdonar, liberar, desprender, en definitiva, aceptar, será más sencillo seguir adelante. En cambio, si nos dedicamos a reprimirlo, negarlo u ocultarlo lo único que conseguimos es mantenerlo, consciente o inconscientemente y por tanto impedir transformarlo.
¿Y cómo hacerlo? Pues siguiendo otro de los aforismos de Carl Jung: “no hay toma de conciencia sin dolor”. Sea duelo, tristeza o rabia si no somos capaces de exteriorizarlo, de extraerlo de nuestra mente y darle el curso que se debe nuestra relación con ese sufrimiento no avanzará. Ser conscientes del problema, de nosotros mismos enfrentándonos y de marcar la distancia necesaria para verlo con perspectiva es la única manera de seguir adelante. La próxima vez que te enfrentes, y lo reconozcas, a una situación así, recuerda: acepta y asume el dolor que te causa porque es la única manera de superarlo.
MM/AT
