La mayor fuente de nuestro propio sufrimiento son las mentiras que nos contamos a nosotros mismos.
Elvin Semrad
Elvin V. Semrad (Nebraska, agosto 1906 – julio 1976) fue uno de los maestros de psicoterapia más influyentes de su generación. Su legado como clínico, maestro y mentor todavía se siente hoy incluso entre aquellos que nunca lo conocieron directamente. Qué y cómo enseñó sigue siendo tan relevante hoy como cuando él lo hizo en la atención psicoterapéutica de las personas con problemas. La suya era principalmente una psiquiatría de afectos y sentimientos corporales, y se centró de manera asombrosa y empática en la experiencia del paciente. La base de su enfoque sincero, sabio e inimitable no era simplemente psicoanálisis clásico, existencial, egocéntrico, autopsicológico, interpersonal-relacional o incluso humanista o adaptativo. Más bien, fue todo esto en una integración exclusiva, que llamó «Semradian» orientada a dilucidar la experiencia de los pacientes que los había “detenido” durante su curso de vida y su evitación de «reconocer, soportar y poner en perspectiva» lo que estaban enfrentando.
Somos expertos en hacernos ilusiones y darnos después de bruces con la realidad. Algunas veces creamos (y creemos) una realidad diferente con la esperanza que se cumpla. Pocas veces ocurre. Otras, distorsionamos esa realidad para ajustarla a nuestro propio sentido, justificamos lo sucedido y acabamos culpándonos de las diferencias cuando, en realidad, ya sabíamos que eso iba a ocurrir. La teoría del cambio enseña que solo se puede modificar algo si partimos de aceptar la realidad de cómo es. ¿Cómo vamos a cambiar si nos limitamos a distorsionar la verdad? Hay que aprender a aceptar que esta realidad, sea cual sea, por desagradable, injusta o inaceptable que parezca, es LA QUE HAY y a partir de ahí trabajar para cambiarla.
Porque aceptar no es resignarse. Aceptar es comprender que debemos vivir con esa carga, con esa situación y procurar en todo lo posible solventarla o minimizarla. Decía Ecklart Tolle: “Nadie tenemos problemas, todos tenemos situaciones. Situaciones que han de ser afrontadas o que han de dejarse como están y ser aceptadas hasta que cambien o puedan tratarse de algún modo”. Es el camino, porque resignarse es el primer paso para la rendición, es dejar de “vivir” para “pasar por la vida”. Debemos estar en armonía con nosotros mismos, y eso no consiste en pensar (o creer) lo bueno, feliz y fantástico que soy, negando lo que el espejo de la vida me devuelve, sino en reconocernos tal como somos en ese espejo y sentirnos satisfechos de eso, aunque inmediatamente empecemos a trabajar las sombras que hayamos visto. Es la gran diferencia.
MM/AT
