Y dos azucarillos.
Manel Menal
Final de la comida familiar en un restaurante (cuando nos dejaban…). El camarero se acerca para empezar a recoger platos y pregunta: ¿Tomarán café? Como es lógico hay peticiones de todo tipo: café solo, cortado, infusiones… cuando le toca el turno a mi cuñado pide: “un café solo largo y si se acuerda dos azucarillos”. El camarero le mira, sonríe, está tomando nota mentalmente de todas las peticiones y ésta le hace salir por un momento de ese estado abstraído/concentrado en que se encontraba.
Cuando marcha le pregunto por la forma de pedir el extra de azúcar.
– Sencillo, – me dice, – lo tengo más que comprobado. Cuando pido “café solo con dos azucarillos” la mayoría de las veces el camarero desconecta después del “solo”, y acaba trayendo únicamente un sobre, con lo cual tengo que repetir la petición y esperar. En cambio, si le menciono la posibilidad de olvidar el extra de azúcar me aseguro su atención y viene siempre con los dos sobres…
La anécdota me parece perfecta para recordar que muchas veces trabajamos (o vivimos) “en automático” y vamos desdeñando multitud de información a nuestro alrededor por prisa, costumbre o rutina que, bien administrada, podría ser muy valiosa y aportar más a la hora de resolver nuestros problemas. La mayor parte de las veces ni siquiera somos conscientes de toda esa información, nuestro cerebro va descartando automáticamente aquello que considera, por nuestras acciones anteriores, que no será útil en el transcurso del pensamiento. Está claro que hace bien, se genera tanta información a nuestro alrededor, visual, auditiva, etc. que sería imposible gestionar nada si no fuera así. Pero, ¿qué ocurre cuando trabajamos (o vivimos) de forma involuntaria en ese automático? Pues que perdemos no solo referencias sino también advertencias a nuestro alrededor que son importantes e incluso en algunos momentos imprescindibles. Y es entonces cuando cometemos errores o nos encontramos con acontecimientos inesperados. Antes de continuar te recomiendo que veas este video y entenderás mejor lo que estoy diciendo: https://youtu.be/v3iPrBrGSJM son menos de tres minutos.
¿Cómo conseguir que el cerebro permanezca la mayor parte en modo descubrimiento y no modo automático? A esta forma de atención selectiva los científicos la denominan “ceguera por falta de atención” vemos aquello que ya hemos decidido que merece nuestra atención y descartamos el resto. Pero es que, además, ni siquiera tenemos que estar profundamente concentrados en la tarea, en cuanto tenemos algo en la cabeza captamos rápidamente cualquier cosa asociada a esa idea. Por ejemplo: cuando estás embarazada o lo está tu pareja ves muchas más mujeres embarazadas en tu entorno que cuando no vives en tu propio círculo esa situación. Bueno, volviendo a la pregunta no podemos controlarlo todo, pero sí podemos hacer cambios en nuestro día a día para ser más receptivos y establecer, de forma deliberada, los filtros de percepción que nos ayuden a “ver” de forma diferente. Tan sencillo como tener una rutina de fijación de objetivos (personales, formativos, laborales) que nos haga prestar atención a las prioridades de cada día. Caroline Webb lo llama observar desde los tres ángulos “A”.
· Aspiración. – ¿qué es lo más importante para que hoy todo salga bien? Voy a enfocarme en ello. Es el objetivo.
· Actitud. – ¿qué preocupaciones enturbian alcanzar mi propósito? ¿Me ayudarán a conseguirlo? Si es que no ¿cómo puedo descartarlas? Es el modo.
· Atención. – ¿dónde quiero centrarme para lograrlo? Es la acción.
Son tres sencillas cuestiones que puedes plantearte en cualquier sitio y que pueden ayudarte a estar más abierto al flujo de información que se mueve a nuestro alrededor y, por tanto, minimizar esa ceguera de atención. Recuerda, me centro en el objetivo, encuentro el modo y me pongo en acción.
Porque siempre será mejor que tu cerebro se despierte por tu propia iniciativa que no tener que hacer otro viaje a llevar el segundo azucarillo.
MM/AT
