La vida va a seguir poniendo piedras en tu camino. De ti depende saltarlas, sortearlas o seguir dándote cabezazos con ellas sin avanzar.
Manel
La gran psicóloga Elisabeth Kübler-Ross experta en el proceso de la muerte decía así: “he visto a mucha gente detenida en las zonas tristes de su vida”. Al margen de la interpretación sobre el sentimiento por la pérdida de un ser querido o a estar pensando en la propia muerte, yo la entiendo también como una manera sutil de referirse al estado anímico de aquellas personas que se niegan a avanzar por creer estar ante obstáculos insuperables.
Seguir golpeando alegremente la complicación esperando que se aparte o se resquebraje, sin variar nada a lo hecho anteriormente, es un ejercicio de masoquismo que no consigue endurecerte. Únicamente consigues ir minando tu propia fuerza. Puede ser que, alguna vez, a base de seguir martillando el problema des con una variación y este acaba desintegrándose, pero, por desgracia, la mayoría de problemas no se acaban solucionando así[1]. No es suficiente.
Al margen de que la forma de resolver los conflictos marcará nuestro carácter, “forjarán mi destino las piedras del camino” – cantaba Nino Bravo hace ya años. Hay que buscar soluciones diferentes. ¿Por qué hablo de saltar o sortear? Porque, aunque sea metafóricamente, creo que hay como mínimo dos maneras de poder progresar. Saltar puede ser la forma más rápida. Es aquella que, sin evaluar el problema en profundidad, nos permite seguir adelante, aunque la raíz del asunto pueda quedar sin resolver. ¿Y sortear? sortear es entender a qué nos enfrentamos. Ver cuáles son las dificultades, estudiar las posibilidades y encontrar una respuesta adecuada, un nuevo paso. Sería la solución más apropiada pues nos permite entender lo que nos impide avanzar y dar con alternativas. O también saber que, aunque no podamos resolver – de momento – la situación, debemos aprender a vivir con ella. Saltar nos deja tiempo para pensar más adelante cómo enfrentarnos al problema. Cuando tengamos mejor consciencia de la dificultad que supone, pero mientras podemos seguir actuando. Sortear es tomar conciencia del problema en sí y resolverlo en el momento que ocurre. Son dos decisiones que nos permiten seguir y cada una puede ser adecuada en un momento dado.
Darnos cuenta que estamos atascados es el primer paso. Entender que seguimos atorados o topando con ese techo que nos impide avanzar a veces no es sencillo. Nos conformamos, o peor nos rendimos y dejamos de perseguir esos sueños por ya considerarlos inalcanzables. Contra eso, revisemos donde han quedado aquellos sueños (incumplidos) que hace unos años nos motivaban. Veamos cuáles de ellos siguen vigentes, es decir, por cuales todavía consideramos que hay que seguir luchando. Y eliminemos los filtros mentales que podemos haber construido a su alrededor. ¿cuáles son esos filtros?
I.- Ceguera por falta de atención. ¿por qué dejamos, en algún momento, de perseguir esos sueños?, ¿qué nos distrajo de seguir hacia ellos?
II.- Sesgo de confirmación. Busca argumentos del por qué no debes abandonar.
III.- Evita el lenguaje absoluto. Destierra el “nunca, siempre o demasiado tarde”. Hoy se puede iniciar un nuevo camino.
IV.- Cuestiona tus suposiciones. Lo que pudo ser cierto en algún momento, seguro que ahora ha variado. Pregúntate de nuevo. Si eres capaz de mantener cierta ilusión para continuar creyendo en la posibilidad de conseguir alcanzar un objetivo, es decir merecerlo, hoy puede ser un buen momento para saltar o sortear las piedras que se cruzan en tu camino.
MM/AT
