La Frase de la semana 109

Si no es ahora, entonces ¿cuándo?

Talmud

El Talmud, en hebreo «instrucción, enseñanza» es el libro fundamental de la religión judía. Es una compilación de comentarios que se considera como la interpretación de la ley mosaica (de Moisés), y que refleja la enseñanza de las grandes escuelas rabínicas en los primeros siglos de nuestra era. Es una obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, narraciones y dichos, parábolas, historias y leyendas. Es un inmenso código civil y religioso elaborado entre el siglo III y el V por eruditos hebreos.

Existen dos conocidas versiones del Talmud: el de Jerusalén (Talmud Yerushalmi), que se redactó en la provincia romana llamada Filistea, y el Talmud de Babilonia (Talmud Bablí), que fue redactado en la región de Babilonia, en Mesopotamia. Ambas versiones fueron redactadas a lo largo de muchos siglos por generaciones de eruditos provenientes de muchas academias rabínicas establecidas desde la Antigüedad. El judaísmo considera al Talmud la tradición oral, mientras que la Torá (el Pentateuco) es considerada como tradición escrita.

El versículo completo dice así ”si no soy Yo, entonces ¿quién? Si no es ahora, entonces ¿cuándo?”. La respuesta más común al ¿cuándo? es “después”, y utilizamos ese adverbio de tiempo de una forma placentera porque nos evita tener que marcar un periodo, una fecha o un momento concreto. ¿Cuándo es después? ¿Inmediatamente? ¿mañana? ¿en qué momento?

Pero volvamos al “después” o también llamado “algún día”. Cualquier verbo de acción que pongamos a continuación tiene muy pocas posibilidades de concluir de forma satisfactoria. Después te llamo, después lo hago, después lo cambio, después lo digo…después, después. Toda esa incerteza puede ser debida a múltiples causas, trabajo, cansancio, procrastinación, pero el resultado, cuando llega, acostumbra a ser la dejadez de los temas personales y familiares por la atención o preocupación hacia los profesionales. Y ahí es donde ese “cuando” debe estar perfectamente definido.

Dejar pendiente o indeterminado el tiempo que debemos dedicar a nuestros propios asuntos, sean familiares, sociales o personales, provocará una pérdida irreparable de la que no somos conscientes ahora. Para estos asuntos no hay después. Y después, mañana, en algún momento, te vas a arrepentir de no haberlo hecho cuanto tuviste la oportunidad. Así que, si no es ahora, marca de forma concisa el cuándo, no dejes indeterminado el momento. Y cumple con los plazos con la misma seriedad que si fuera un tema profesional. Aprender a conciliar y separar, y me refiero no solo física sino también mentalmente, las diferentes partes de nuestra vida es indispensable para gozarla en plenitud. Si estás con la familia, pero mentalmente sigues repasando el resultado de la reunión o el informe de ventas es igual de desastroso que si estás en el trabajo, pero sigues pensando en la fiebre del niño o en la discusión con tu pareja. Hay que darse en cada momento con conciencia plena para evitar la más que probable frustración de no hacer bien ni una cosa ni la otra. 

            Volvamos al cuándo. La mejor manera de resolver esa incerteza es lo que los científicos conocen como “intención de ejecución” y consiste en aplicar una sencilla regla: “cuando pase X, entonces haré Y”. Así no dejamos dudas de qué hacer cuando llegue el momento. Formular “cuando …, entonces…” nos va a ayudar a garantizar la ejecución de cada meta fijada, sea trabajar, hacer ejercicio o dedicar tiempo a la familia, Hay que concretar sobre qué haremos porque así descartamos un concepto abstracto por uno mucho más preciso. No debo decir “después haré… (ejercicio, deporte, salida con la pareja, juego con los hijos, …)” sino “cuando llegue a casa entonces haré…” pues dejo marcado el momento asignado para su inicio. Este primer paso está bien, aunque debe ir acompañado por la voluntad. Por mucho que repitamos el mantra de “entonces haré” si realmente no está en nuestro deseo realizarlo es inútil malgastar esfuerzos.

MM/AT

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