La Frase de la semana 108

No debes confundir la fe en que al final saldrás adelante con la disciplina para afrontar los hechos más adversos de la realidad presente, sean los que sean.

 James Sotckdale

James Bond Stockdale (Illinois diciembre 1923 – California, julio 2005) fue un vicealmirante y aviador de la Armada de los Estados Unidos al que se le otorgó la Medalla de Honor en la Guerra de Vietnam. El 9 de septiembre de 1965, mientras volaba desde el USS Oriskany en una misión sobre Vietnam del Norte, Stockdale tuvo que autopropulsarse de su Douglas A-4 Skyhawk al ser alcanzado por fuego enemigo. Se lanzó en paracaídas y fue apresado. Stockdale fue el oficial naval de mayor rango que estuvo detenido como prisionero de guerra en la prisión de Hỏa Lò (el infame «Hanoi Hilton») durante los siguientes siete años y medio. Torturado de forma rutinaria, su pierna “·se rompió” dos veces. Stockdale creó y aplicó un código de conducta para todos los prisioneros que regulaba la tortura, las comunicaciones secretas y el comportamiento.

De regreso a Estados Unidos una vez liberado, y desde octubre de 1977 hasta que se retiró de la Marina en 1979 fue presidente de la Escuela de Guerra Naval. Como vicealmirante, Stockdale fue presidente de The Citadel (Universidad militar) de 1979 a 1980. También fue candidato a vicepresidente de los Estados Unidos en las elecciones presidenciales de 1992, en la lista independiente de Ross Perot.

La frase es conocida como la paradoja de Stockdale y fue acuñada por Jim Collins en su libro Empresas que sobresalen. Collins relató una conversación que tuvo con Stockdale sobre su forma de afrontar el período en el campo de prisioneros de guerra vietnamita. Cuando le preguntó qué prisioneros no lograron salir de Vietnam, Stockdale respondió: “Oh, eso es fácil, los optimistas. Ellos fueron los que dijeron: ‘Saldremos en Navidad’. Y llegaría la Navidad y se iría la Navidad. Luego decían: ‘Saldremos en Pascua’. Y vendría la Pascua y se iría la Pascua. Y luego Acción de Gracias, y luego volvería a ser Navidad. Y murieron con el corazón roto. Ésta es una lección muy importante. Nunca debe confundir la fe en que prevalecerá al final —que nunca podrá permitirse perder— con la disciplina para enfrentar los hechos más brutales de su realidad actual, sean los que sean.”

Exceso de optimismo. También puede ser un problema añadido, un exceso de optimismo puede favorecer que nos decepcionemos con frecuencia. Tenemos el ejemplo más patente con la (maldita) pandemia. Marcar plazos – volveremos a la normalidad cuando llegue la vacuna, cuando estemos vacunados, con la inmunidad de grupo, etc. – suele basarse siempre en un cálculo del que no tenemos control, susceptible a multitud de cambios y, por tanto, decepciones.

Además, si eres optimista extremo puedes acabar siendo irresponsable con las actitudes o con los riesgos que estás dispuesto a asumir. Pensar que la providencia está de nuestro lado está bien, pero no significa que debamos ignorar los riesgos que pueda haber. Hay un proverbio ruso muy ajustado a este propósito, dice así: “reza, pero no dejes de remar hacia la orilla”. Hay que ser optimista, desde luego, pero también consciente de la realidad y el entorno en que nos encontramos. No podemos esperar que las dificultades desaparezcan, no debemos marcar objetivos que no se ajusten a la realidad, ni términos irrealizables. Es preferible ser cauto a quedar decepcionado. Es preferible ser precavido que demasiado imprudente. Es preferible ser optimista pero no perdamos de vista los inconvenientes que nos rodean. Ya sabes, reza, pero no dejes de remar.

MM/AT

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.