Érase una vez…
Charles Perrault
Es a Charles Perrault a quien debemos esta expresión «Il était une fois» que la utilizó por primera vez en 1694. Charles Perrault (París, enero 1628 – mayo 1703) fue un escritor francés, principalmente reconocido por haber dado forma literaria a cuentos clásicos infantiles, dulcificando en muchos casos la crudeza de las versiones orales. Charles fue uno de los siete hijos de Paquette Le Clerc y Pierre Perrault, abogado en el Parlamento de París. Nació en un parto doble con su gemelo François, que fallecería a los seis meses. Ejerció la abogacía durante algún tiempo, pero a partir de 1683 se entregó plenamente a la literatura.
Escribió el poema El siglo de Luis el Grande (1687), pero en especial Perrault es conocido ante todo por sus cuentos, entre los que figuran Cenicienta, Piel de Asno, Pulgarcito y La bella durmiente, que él recuperó de la tradición oral en Historias o cuentos del pasado (1697) y conocidos también como Cuentos de mamá Oca. Llegó a ser miembro de la Academia Francesa.
“Érase / Había una vez” es la forma tradicional de inicio de los cuentos, en especial los cuentos de hadas, que nos traslada desde el primer momento a un mundo mágico y maravilloso a fuerza de repetir la misma introducción en este tipo de obras. Ahora me pregunto, ¿qué pasaría si a ese “había una vez” siguiéramos relatando lo que es cada una de nuestras vidas?, ¿qué tipo de historia es la que tenemos por contar? Seguro que no es una historia fantástica con hadas, brujas, reyes o caballeros, aunque metafóricamente seguro que podemos encontrar alguno (o todos) esos personajes; pero, como en los cuentos, hemos vivido todo tipo de situaciones que nos han hecho llegar a ser quienes somos ahora.
Por suerte para nosotros esta narración no está acabada. El desenlace de nuestro “cuento”, estemos ahora en la situación que sea, no dependerá del encuentro con hadas o caballeros si no de tomar las riendas – llámalas decisiones – que todavía están por llegar.
Bien, averigüemos dónde estamos: ¿encadenado en alguna torre o pozo sin posibilidad de escapatoria? No esperes la llegada de ningún príncipe o princesa en tu ayuda. Los recursos para escapar están en ti, es en tu interior donde debes buscar. ¿o igual estás subyugado por algún tipo de ogro o bruja que se aprovecha de tu trabajo? No habrá hada o silfo que acuda en tu socorro, deberás buscar tú la visibilidad de tu esfuerzo. ¿o quizá eres demasiado ingenuo y a tu alrededor muchos se aprovechan de esa circunstancia? Ningún rey o ninguna reina bondadosa vendrán a apiadarse de ti para prestarte su apoyo. Tendrás que, manteniendo en lo posible tu franqueza, deshacerte o alejarte de todas esas personas que te utilizan.
Seguro que en tu camino encontrarás leñadores, labradoras, molineras o incluso puede que alguna rana o sapo que se prestarán a ayudar acéptalo sin miedo, pero no te equivoques, eres tú quien en definitiva tiene que tener la voluntad de acabar con la parte trágica de tu cuento. La historia no se acaba hasta que tú lo decides. Cuando al final de tu vida tengas que llegar al “colorín, colorado” haciendo recuento de todo, tienes que haber tenido el tiempo suficiente para comerte y disfrutar de todas las perdices que te haya dado la vida.
MM/AT
