No nos elevamos al nivel de nuestras expectativas, caemos al nivel de nuestro entrenamiento.
Arquíloco
Arquíloco de Paros (Paros, actual Grecia, 712 a.C. – 664 a.C.) Poeta lírico griego. De padre noble y madre esclava, perdió su fortuna y estuvo arruinado durante gran parte de su vida, e incluso tuvo que servir como mercenario para subsistir. Rechazado por la sociedad y por su amada, Neobule, hizo de ello tema de su poesía, cruda y satírica, siendo el primer poeta de la Antigüedad en tomar la propia vida como referente poético. Su poesía es de gran sinceridad, y destaca formalmente por el uso del metro yámbico para temas satíricos, razón por la cual se le considera uno de los principales renovadores de esta forma. Sus Yambos fueron prohibidos en Esparta, ya que iban dirigidos a Neobule y a su padre, y le acusaron de haber inducido a ambos al suicidio. También escribió himnos y elegías, pero del total de su obra sólo se han conservado algunos fragmentos.
Arquíloco se hizo famoso en la Antigüedad y pasó a la posteridad como personaje polémico por los escritos de Plutarco. Las obras de Arquíloco fueron igualmente polémicas, tanto por sus ataques virulentos contra variados personajes y su habilidad para crearse enemistades como por contradecir con algunos de sus versos los valores bélicos de la época.
La sentencia de Arquíloco es válida para todos los ámbitos de nuestra vida y sigue igual de actual que en el momento en que la escribió. Si no hay (o ha habido) formación, no esperes puestos destacados; si no hay (o ha habido) atrevimiento, no conseguirás grandes victorias; si no hay (o ha habido) preparación, no llegarás a ser experto, si no hay (o ha habido) esfuerzo no alcanzarás grandes metas. Ya en algún comentario anterior había comentado la frase de Arnold Glasow, “esperar algo a cambio de nada es la forma más popular de esperanza”, está bien tener esperanza, pero tiene que haber, también, esfuerzo. Podemos tener grandes sueños, esperanzas o expectativas, llámalo como quieras, pero si no hemos sudado por conseguirlo no seremos merecedores de lograrlo, y no lo alcanzaremos qué es lo que acostumbra a pasar.
Esa expectativa, como posibilidad razonable de que suceda un acontecimiento o de conseguir una cosa, está bien; pero es igual de necesaria la preparación para que se haga realidad. Creer que solamente por desearlo se va a convertir en realidad es la forma más habitual de sucumbir ante la verdad de lo que sucede, que acabamos desistiendo de nuestros sueños por no haber invertido la energía necesaria. Siempre recuerdo, cuando pienso en esfuerzo o actitud, aquella fábula africana que dice así: Cada mañana, en la sabana, el león sabe que debe correr más rápido que la más lenta de las gacelas para no morir de hambre. Cada mañana, en la sabana, la gacela sabe que debe correr más rápido que el más rápido de los leones para no ser devorada. No importa si eres gacela o león lo que importa es cuando te despiertes estés corriendo.
MM/AT
Arquíloco
