No necesito que sea fácil, sólo que sea posible.
Soul Surfer
Soul Surfer es una película de 2011 sobre la vida de la surfista Bethany Hamilton, quien, a la edad de 13 años perdió su brazo izquierdo por el ataque de un tiburón. La película se centra en los acontecimientos que rodearon el ataque y su superación durante el período posterior. Está dirigida por Sean McNamara, quien basó el guion en la autobiografía de Hamilton y en entrevistas de los cineastas con la familia. Protagonizada por Anna Sophia Robb, Dennis Quaid, Helen Hunt, Carrie Underwood, Ross Thomas, Lorraine Nicholson, Kevin Sorbo y Sonya Balmores. El argumento: Bethany Hamilton, una joven y famosa surfista australiana, ha vivido desde niña dentro del agua, sin separarse del mar, de su tabla y de su mejor amiga Alana. Un día, un tiburón le arrebata un brazo, pero Bethany es una joven muy fuerte y lo que pudo ser un terrible drama se convirtió en una historia de superación, ya que desde entonces el único objetivo de Bethany fue prepararse cuanto antes para volver a practicar el surf.
El título, “Soul Surfer”, hace referencia a un término acuñado en la década de 1960 para indicar a alguien que se encuentra navegando por puro placer, pero la palabra «alma» en este caso tiene un doble significado en referencia a la fe cristiana de Hamilton que le ayudó a recuperar su carrera de surf después del ataque y a seguir adelante. Aquí tenemos el caso de la influencer valenciana Mireia Cabañes, seguramente no tan peliculero como el de Bethany Hamilton, pero con una historia de superación como mínimo igual al de la americana. Mireia superó un sarcoma de Ewing, cáncer óseo que obligó a amputarle la pierna izquierda con siete años y hoy en día con 27 años sigue entrenando surf adaptado para entrar en el equipo nacional.
Fácil, posible… ¿qué significa posible? Posible es que tengo la capacidad de aprenderlo y por lo tanto de conseguirlo. Posible es que tengo la fortaleza para persistir y por tanto de alcanzar. Luego si es posible, solo necesito la voluntad para llegar. Decían en la serie Vikingos (Vikingdom): “habría elegido a alguien más débil. Si la misión hubiera sido más fácil”. Porque muchas veces no es impotencia física la que nos impide atrapar nuestras metas, no es cansancio, no es debilidad; es simplemente la pérdida de ilusión por los inconvenientes que se nos presentan. Contra todo ello: pasión. Imaginar (¿o será prever?) la dificultad del objetivo no debe ser un impedimento para desfallecer sino al contrario una motivación para seguir adelante. Decía Séneca: “vencer sin peligro es ganar sin gloria”.
El poeta alemán Friedrich Hebbel, también lo definía: “creer posible algo es hacerlo cierto” es una visión diferente, pero supone el mismo esfuerzo; sea fácil o difícil una vez que creemos hemos dado el paso necesario para iniciar su construcción. Y eso forma parte de nuestra identidad, ¿somos capaces de conseguir las metas que nos proponemos o por el contrario desistimos a los primeros embates que recibimos?, si realmente creemos no nos dejaremos abrumar por los acontecimientos negativos, es más, éstos serán parte de nuestro carácter: “yo no soy lo que me sucedió, yo soy el que elegí ser” (Carl Jung). Porque ante la dificultad puedes optar por abandonar y entonces sucumbir o por el contrario seguir adelante. Y seguir adelante no es siempre garantía de éxito, pero es la manera de fortalecer nuestra propia identidad. Cada fracaso tiene una lección que debemos aprender, y es así como conseguiremos reforzar nuestro carácter, endureciendo nuestra piel para que las equivocaciones que podamos cometer o las dificultades que nos esperan no nos desvíen de nuestro propósito.
MM/AT
