206 huesos, 650 músculos, 50 billones de células.
Manel Menal
Morfológicamente somos eso. Por suerte para nosotros, los +/- 1.400 gramos de cerebro (algo más del 2% del peso corporal) y 86.000 millones de neuronas que tenemos en promedio cada humano adulto, parece que nos sirven para algo más que al resto de animales: levantarse, buscar comida, cobijo y reproducirse, (aunque también haya excepciones…); la facultad de pensamiento nos da la posibilidad de visualizar, entender, imaginar y representar nuestro mundo de múltiples maneras, lo que nos hace aventajar (que no ser superiores) al resto de animales y nos da la posibilidad de seguir mejorando. Pero no nos olvidemos, llevamos unos 200 años como urbanitas, 10.000 años como agricultores y varios cientos de miles como simples cazadores, tenemos, en tiempo geológico, una ligera ventaja sobre el resto de los animales, pero nada más.
Volvamos a esa capacidad diferenciadora: el raciocinio, gracias a ella los humanos nos dedicamos a buscar metas (llamémoslas, ahora sí, superiores) diferentes a las intrínsecamente animales, así nos dimos la filosofía y la religión para encauzar el pensamiento ético y moral; la psicología y la sociología para entender nuestra propio ser, la política y el derecho para vivir en comunidad y el anhelo universal de buscar la felicidad … cosa en la que todavía estamos.
Todos, filósofos, teólogos, psicólogos, sociólogos, neurólogos, economistas, políticos… han tratado de entender los mecanismos para llegar a ella y aunque la búsqueda de la felicidad es tan vieja como la humanidad, la práctica totalidad de las ciencias han estudiado qué nos hace felices y qué no y las respuestas son tan variadas como investigaciones se han hecho sobre el tema.
De todas las frases referentes a la felicidad hay dos que, para mí, simplifican todo el concepto; una del mundo oriental atribuida a Confucio, que dice así:” sólo se puede ser feliz siempre que se sepa ser feliz con todo”, y otra del mundo occidental de Séneca: “la felicidad es no tener que pensar en ella”. Las dos dan la misma idea; solo eres feliz si reconoces lo que tienes y no te preocupas por más. Ese es el resumen, aceptar y vivir en armonía con todas las situaciones de la vida, lo que no quiere decir que no procures cambiarlas, pero si saber convivir con cada una y en cada momento. Decía Tolstoi: “hay muchos tipos de conocimiento, pero hay uno que es mucho más importante que los demás, el conocimiento de cómo aprender a vivir; y ese conocimiento, muchas veces, se menosprecia”, ese es el camino para llegar a la felicidad, aprender a vivir, que no es fácil.
Y ahí estamos, 206 huesos, 650 músculos, 50 billones de células…deberíamos ser conscientes y entender que levantar todo eso de la cama, cada mañana, para aprender a vivir y buscar la felicidad, es complicado.
MM/AT
