Es fácil ignorar la responsabilidad cuando uno es solo un eslabón intermedio en una cadena de acción.
Stanley Milgram
Stanley Milgram (Nueva York, agosto 1933 – diciembre 1984) fue un psicólogo graduado de la Universidad de Yale que condujo los experimentos del mundo pequeño (la fuente del concepto de los seis grados de separación) y el Experimento de Milgram sobre la obediencia a la autoridad. De familia hebrea, su padre era húngaro y su madre rumana. Aunque se lo considera uno de los más importantes psicólogos del siglo XX, Milgram nunca estudió psicología durante sus estudios de ciencias políticas en Queens College, Nueva York, donde se graduó en 1954. Se presentó a un postgrado en psicología social en la Universidad de Harvard y fue rechazado inicialmente a causa de falta de estudios de psicología. Fue aceptado en 1954 después de tomar seis cursos de psicología y se graduó en 1960. Murió en 1984 de un ataque al corazón a la edad de 51 años en su ciudad de nacimiento, Nueva York.
La frase está incluida (o extraída) de su estudio que se conoce como el “experimento de Milgram” (1963) y que resumido vendría a ser que Milgram reclutó a un grupo de estudiantes a los que había dado instrucciones para seguir las indicaciones de una supuesta autoridad científica que les ordenaba aplicar descargas eléctricas sobre otras personas por no cumplir unas expectativas, aunque, en realidad, todo fue una pantomima y nadie recibió ninguna descarga eléctrica. Pero lo cierto es que los sujetos que no formaban parte del complot se dedicaron a seguir las instrucciones al pie de la letra y aplicaban descargas que podrían haber sido letales una y otra vez. La comunidad científica entró en cólera a raíz del experimento llevado a cabo en la Universidad de Yale, pero entre otras cosas, su trabajo abrió el debate que contribuyó a generar los procedimientos éticos en los que se pueden desarrollar este tipo de investigaciones hoy en día.
Stanley Milgram acuñó el término ‘estado agentico’, definido como aquel estado en el que las personas realizan acciones contrarias a sus propios valores. Su investigación demostró la peligrosidad que encierra la predisposición que tenemos los humanos a obedecer a la autoridad hasta llegar a despojarnos de nuestro sentido de la responsabilidad. Pues bien, no voy a decir que, al mismo nivel, pero la obediencia ciega en algunas empresas (o hacia algunos jefes) raya ese estado agentico y nos hace llegar a sentir cómodos con algunas decisiones que, seguramente en otro momento o en otra situación siendo responsabilidad personal, no hubieran sido tomadas o como mínimo hubieran sido discutidas.
Ser parte de la cadena o considerarnos solo un “eslabón” de ella descarga nuestra conciencia de las decisiones tomadas, después podemos alegar aquello de la “obediencia debida” pero ¿hasta qué punto una persona está dispuesta a actuar en contra de sus propios valores por obedecer a la autoridad? Esta fue la pregunta que Stanley Milgram quiso responder con sus experimentos, y es, algunas veces, la pregunta que deberíamos plantearnos ante las decisiones de empresa, ¿estamos degradando nuestra ética aceptando según qué soluciones? dicho de otra manera ¿vale la pena seguir donde estamos actuando en contra de nuestra propia conciencia?
MM/AT
