Se necesitan veinte años de trabajo para tener éxito de la noche a la mañana.
Eddie Cantor
Eddie Cantor, cuyo verdadero nombre era Edward Israel Iskowitz, (enero 1892 – octubre 1964) nació en Nueva York, siendo sus padres inmigrantes de origen ruso y judío, Meta y Mechel Iskowitz. Su madre falleció a causa de un cáncer de pulmón dos años después de su nacimiento, y su padre le abandonó, por lo que fue criado por su abuela, Esther Kantrowitz. Un error cuando era inscrito en la escuela le cambió el nombre a Kantrowitz (posteriormente americanizado a «Cantor») en vez de Iskowitz. Fue actor, comediante, cantante y compositor, familiar al público de Broadway, de la radio y de las primeras emisiones televisivas, fue recibido como un miembro más de la familia por millones de espectadores gracias a que en sus programas radiofónicos revelaba historias íntimas y anécdotas divertidas sobre su esposa Ida y sus cinco hijos. El movimiento de sus ojos cuando cantaba y bailaba le valieron el mote de Banjo Eyes (Ojos de banjo) y, en 1933, el artista Frederick J. Garner caricaturizó a Cantor con grandes y redondos ojos blancos que parecían un banjo. Los ojos de Cantor se convirtieron en su seña de identidad, a menudo exagerados en las ilustraciones, y originando su actuación en Broadway en el musical Banjo Eyes (1941).
Dice un proverbio normando: “cuando triunfas una vez, puede ser casualidad. Cuando triunfas dos veces, puede ser cuestión de suerte. Cuando triunfas tres veces, se debe al trabajo duro y al hecho de ser eficaz y competitivo”. No creo que sea así, las casualidades rara vez pasan, la suerte tienes que “ayudar” a crearla, así que, desde la primera vez que logras el éxito en cualquier aspecto, siempre se debe al esfuerzo que hayas hecho. ¿puede haber una casualidad? seguro, la casualidad hará que si estás preparado puedas aprovecharla, ¿la suerte influye? seguro; influye en el tiempo de espera, pero no en la consecución; influye en la previsión necesaria, en el trabajo previo realizado, en definitiva, en la preparación, y ahí es donde entra la actitud, en tener la constancia de seguir luchando hasta conseguirlo; “el secreto del éxito es la constancia en el propósito”, Benjamín Disrelí. Si haces las cosas bien, si te esfuerzas, tarde o temprano llega la recompensa. Churchill lo resumía muy bien, “el diccionario es el único lugar donde el éxito viene antes que el trabajo”, nadie triunfa por suerte o por casualidad,
Igual no debes esperar veinte años, los pequeños triunfos los vas a conseguir día a día, y eso es lo que te llevará al triunfo final “el éxito es la suma de pequeños esfuerzos que se repiten día tras día”, Robert Collier. Pero cuidado, hablo de éxito y de triunfo, no confundir con fama o dinero, no hablo de popularidad o fortuna, es un sentimiento mucho más interno, mucho más personal, ésta es la definición de Meryl Streep: “no tienes que ser famoso. Basta con que tu madre y tu padre estén orgullosos de ti”. Incluso podríamos reducir más nuestro público… con que tú mismo estés orgulloso de tu labor es más que suficiente. Aun siendo así, el esfuerzo continúa estando latente en toda la ecuación. Para acabar os dejo la “receta” para el éxito de William A. Ward: “estudie mientras otros duermen; trabaje mientras otros holgazanean; prepárese mientras otros juegan; y sueñe mientras otros simplemente desean”.
MM/AT
