Los extranjeros ilegales siempre han sido un problema en los Estados Unidos. Pregúntele a cualquier indio.
Robert Orben
Robert Orben (marzo 1927) es un escritor de comedia profesional estadounidense, aunque también trabajó como mago. Ha escrito varios libros sobre comedia, en su mayoría colecciones de gags y » frases ingeniosas » escritas originalmente para su boletín, Orben’s Current Comedy, y también ha escrito libros para magos. Orben pasó a la política en 1973 cuando se convirtió en redactor jefe de discursos para el vicepresidente Gerald R. Ford.
Utilizar la ironía para resaltar una situación es una forma de hablar habitual para la mayor parte de nuestros políticos. Hacer que los oyentes, votantes o público en general, se paren a pensar sobre la distancia entre lo expuesto y lo que se quería decir, es una manera de mantener el interés sobre lo dicho y de hacer llegar un mensaje concreto. Por desgracia la separación entre ironía y sarcasmo es delgada y la mayor parte la traspasan sin reparo alguno. ¿Cuál es esa diferencia? Ironía es la «figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice.», mientras que sarcasmo es la «burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo.» (RAE dixit), la confusión entre ambos conceptos se debe a que el sarcasmo es un tipo de ironía, por lo que en ambas figuras se da a entender algo diferente a lo que en realidad se está diciendo. Sin embargo, hay una distinción en cuanto a la finalidad: el sarcasmo se usa con la intención de herir.
“Busca la profundidad de las cosas; hasta allí nunca logra descender la ironía”, es el consejo que nos daba el poeta Rainer María Rilke, y es de las pocas maneras en que podemos descubrir la realidad del mensaje, porque usar la ironía está bien, pero hacerlo usando frases engañosas o medias verdades, para ajustarla a nuestro parecer, es otra forma de embaucar que también se usa muy a menudo.
Toda esta reflexión solo en la figura usada sin entrar en el texto del mensaje… vamos a ello. Hoy en día, la mayor parte de las veces, asumimos que hablar de inmigración es hablar de inmigración irregular[1] pero la historia del hombre nos habla de grandes migraciones, por hambre, por guerras o por afán de aventuras y esa era la condición natural de vida de las sociedades antiguas. Este proceso desde África hacia Asia y luego el resto del mundo se inició hace unos 70 000 años y podemos decir que aún está en marcha. Sólo desde el contexto histórico y considerando las variables económicas y sociales, ya que debemos incluir a los refugiados, podremos comprender los motivos por los que se produce: personas procedentes de todos los continentes que llegan a los países de destino con la expectativa de permanecer y construir una vida en ellos. Robert Orben, con su irónica sentencia, nos hace una advertencia importante sobre la condición de ilegal o mejor dicho de extranjero; en mayor o menor medida de tiempo todos procedemos o somos el resultado de alguna migración y por tanto de algún antepasado emigrante/inmigrante. Al margen de consideraciones políticas y culturales tengamos claro que quien emigra siempre es por necesidad, ante la imposibilidad de mejora y porque la situación de la que quiere escapar es infinitamente peor que tener que dejarlo todo y huir; y no olvidemos que, a la larga, los inmigrantes (incluso los irregulares) acaban asimilándose a la población local, fusionándose con ella y formando parte de la cultura resultante. Porque es así, todas las culturas son fruto del mestizaje.
MM/AT
