La Frase de la semana 80

Se pueden hacer muchas cosas con las bayonetas, pero es bastante incómodo sentarse sobre ellas.

Talleyrand

Charles Maurice de Talleyrand (París, febrero 1754 – mayo 1838) fue uno de los políticos más brillantes de Francia y de Europa. Considerado por algunos un traidor y por otros un héroe, fue capaz de estar presente durante los distintos gobiernos franceses que hubo desde Luis XVI hasta Luis Felipe I. En su juventud aprendió las costumbres y las formas más refinadas de la alta sociedad francesa, entre las que hay que destacar la calma y sofisticación, conceptos que aplicó durante toda su vida. Aunque se esperaba de él que fuese un destacado militar, la enfermedad que padecía le acabó llevando a la vía eclesiástica, se ordenó como sacerdote y obtuvo la licenciatura en teología de la Sorbona. Tan solo un año después, Talleyrand fue nombrado Agente General del Clero de Francia, cargo equiparable al de ministro en la vida civil. En 1789 le nombraron obispo de Autun y diputado del clero para los Estados Generales. Conforme fue ejerciendo cargos públicos, fue moldeando su mentalidad hacia ideales liberales. Tanto es así que apoyó al sector revolucionario del Tercer Estado y en la Asamblea Constituyente preconizó la entrega a la nación de los bienes eclesiásticos. A lo largo de la Revolución Francesa, apoyó la constitución civil del clero y acabó abandonando el estado eclesiástico para centrarse en su carrera como político y diplomático.

Talleyrand fue un fiel servidor de Napoleón, quien le nombró Gran Chambelán, príncipe de Benevento y Vice-Elector. Después de la Conferencia de Erfurt en 1809, en la que se pretendía cambiar el orden político europeo, mantuvo un doble juego que le costó caer en desgracia. Por un lado, informaba a Alejandro I de todos los movimientos del emperador, pero por otro aconsejaba a este en tareas políticas. El resultado fue que Napoleón le descubrió y realizó un juicio público contra él donde Talleyrand se defendió de forma sublime y dejó en evidencia al mandatario francés. En vísperas de la abdicación de Napoleón, a cuya caída contribuyó intensamente, Talleyrand se convirtió en jefe del gobierno provisional en abril de 1814 hasta el regreso de Luis XVIII. Al final de la Restauración, pasó a la oposición liberal e intervino en el establecimiento de la monarquía de julio. Luis-Felipe le nombró embajador en Londres entre 1830 y 1834, puesto en el que Talleyrand consiguió el mayor éxito de la diplomacia europea: alinear a España, Portugal, Francia y Gran Bretaña en una misma alianza. A partir de entonces, se retiró para reconciliarse con la iglesia y permaneció en su castillo hasta su muerte el 17 de mayo de 1838.

Perdonad, pero he sido incapaz de minimizar más su biografía porque me parece una vida inigualable. La frase de Talleyrand tiene, para mí, varios significados:

·         Primero: no puedes (o no debes) basar una relación profesional exclusivamente en el poder; ser jefe puede ser tener la decisión, pero seguro que no es tener siempre la razón. Y si te dan siempre la razón hay dos posibilidades, que no te escuchen o que no les importe, no sé cuál es peor.

·         Segundo: mantener un orden basado en el miedo garantiza sumisión, pero nunca fidelidad y mucho menos lealtad, es decir va contra la persona y contra la causa.

·         Y tercero: Si mantienes el poder a través de la hostilidad que creas es muy posible que te sea arrebatado a través de la enemistad que se destile.

Todas tienen un denominador común, mantenerse en el poder apoyándose únicamente en la amenaza implica que en cualquier momento de debilidad (del propio poder) todo aquel que pueda huirá o intentará arrebatar el mando.

            Michel de Montaigne tiene otra sentencia más literaria pero igual de clarividente, “en el trono más bello del mundo, solo podemos sentarnos sobre el culo”; me parece la mejor manera de definir donde se asienta el poder…

MM/AT

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