La Frase de la semana 77

Cada uno de nosotros tiene tres posibilidades: Ser pasivo y no hacer nada, ser malvado o convertirse en un héroe.

 Philip Zimbardo

Philip George Zimbardo (Nueva York, marzo 1933), conocido como Philip Zimbardo, es un psicólogo, investigador del comportamiento que fue presidente de la Asociación Norteamericana de Psicología en el 2002 y son célebres, tanto en el mundo académico como fuera de él, sus trabajos en psicología social, especialmente el experimento de la cárcel de Stanford (en el cual sus estudiantes fueron puestos en el papel de prisioneros o de guardianes. Según las conclusiones que extrajo del mismo, las mismas fuerzas pueden hacer, según las circunstancias de cada uno, o bien un torturador o bien un héroe). Fue profesor en Yale, en la Universidad de Columbia y también dio clases en la Universidad Stanford desde 1968 hasta su retiro, en noviembre del 2003. Especializado en psicología social, una de sus labores importantes ha consistido en hacer llegar la psicología al público gracias a la serie de la cadena PBS Descubriendo la psicología. Fundó además The Shyness Clinic en Menlo Park (California), para tratar la timidez de los adultos y de los niños. En el año 2010, creó la organización sin fines de lucro The Heroic Imagination Project, con el objetivo de enseñar a la gente a reaccionar ante retos y situaciones complicadas.

            ¿Qué nos hace reaccionar de forma diferente dependiendo de las circunstancias? La incógnita continua sin resolverse; lo probado, según el experimento de la cárcel de Stanford, es que en unas pocas horas o días somos capaces de asumir el rol que se nos asigne… y hacerlo propio. El subtítulo del libro de Zimbrano (El efecto Lucifer) dice: “¿Qué pasa si pones a buenas personas en un lugar malvado?”, la respuesta es sencilla, la mayoría se vuelven malvadas. Misma situación en el ámbito profesional, cuando en un trabajo asumimos un papel que no coincide con nuestra forma de ser o de pensar, es decir que no es el nuestro, acabamos mimetizando ese pensamiento, acabamos haciéndolo nuestro y siendo parte de nuestra creencia, nos convertimos en la máscara que llevamos. 

            Pensar, y por tanto después actuar, contra esa perversión es difícil, la educación que nos han inculcado se ha basado hasta no hace mucho en la obediencia a la autoridad sea del tipo que fuera (padres, maestros, policía), y por tanto al llegar al mundo laboral asumíamos esa misma situación, por asimilación, con los jefes…La obediencia debida, la obediencia ciega a la autoridad nos evita tener que realizar juicios de valores, es fácil, asumes lo que te dicen/mandan y actúas en consecuencia, nos volvemos tan pusilánimes que acabamos asumiendo como verdadero todo lo que nos explican sin poner en duda la conveniencia o simplemente la realidad de lo que nos dicen.  

¿Cuál es el remedio para evitar llegar a esa situación? asumir que autoridad no es sinónimo de sabiduría, liberarnos de ese pensamiento que (de forma arbitraria o intencionada) recibimos cuando niños y poner en duda ante nuestra propia conciencia las decisiones o consignas que nos lleguen. Parece fácil, ¿verdad? pues pregúntate si lo estás aplicando y ya no pienso solo en el ámbito profesional, ¿estás asumiendo que tus referentes (familia, profesores, mandos, incluso políticos) son indiscutibles? si la respuesta es afirmativa vuelve a leer el artículo con sus referencias a diferentes experimentos; si es negativa enhorabuena vas por el camino adecuado.

MM/AT

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