La Frase de la semana 66

A menudo queremos ser cómplices y acabamos siendo víctimas.

Jean Reno – Cash

Juan Moreno y Herrera-Jiménez, más conocido como Jean Reno (Casablanca, julio 1948), es un actor francés de padres gaditanos: su padre, de Sanlúcar de Barrameda y su madre, que murió cuando Jean era adolescente, de Jerez de la Frontera. Ambos se exiliaron huyendo de la dictadura de Franco. Por su ascendencia, Jean habla español de manera fluida. Debido a su altura (1,91 m.) Reno comenzó su carrera haciendo papeles de villano. Posteriormente, como actor rompería ese estereotipo y protagonizaría papeles cómicos y también papeles heroicos, es conocido por actuar en películas como Léon y El gran azul, ambas de Luc Besson.

La película Cash es un filme francés, dirigido por Éric Basnard estrenado en el 2008 y que cuenta en el reparto con Jean Dujardin, Jean Reno, Valeria Golino, Alice Taglioni, François Berléand, y Clovis Cornillac, del género Comedia (robos y atracos) es interesante, bastante enrevesada y poco más que decir…, el argumento: Cash (Dujardin) es un estafador que lo tiene todo: encanto, elegancia, desenvoltura e incluso apego a la familia. Por eso, cuando su hermano muere a manos de un mal perdedor, decide vengarle a su manera: sin armas ni violencia, con estilo. Pero el momento no es el más adecuado para dar un golpe: está a punto de conocer a su futuro suegro (Reno) y a su banda la vigila la policía. Con todo, se las ingenia para hacer de yerno ejemplar y montar un golpe sin despertar sospechas.

            Pues si a la frase de Jean Reno cambiamos ese “queremos” por un “creemos” ya estamos más cerca de encontrarnos con la realidad de Amarillo Slim. La mayoría de los timadores se basan en uno de estos dos principios, que tú te creas más listo que él o querer aprovecharnos de un tercero a través de quien nos incluye en su timo… y en los dos casos acabamos siendo la víctima.

            Pero la frase da para mucho más, buscando más acepciones, y en la época que estamos viviendo, me (re)encuentro con Jean Paul Sartre quien ya hablaba de “mitad víctimas, mitad cómplices, como todo el mundo” … pensando sobre su sentencia, para mí se dejaba una parte importante en esa ecuación que yo incluiría, la parte de verdugos. En la sociedad actual de monitores, pantallas, terminales, de tv, computadoras, tablets o teléfonos, donde se confunde solidaridad con selfies y/o exhibicionismo, nos desplazamos tranquilamente desde la ignorancia al autoengaño denunciando situaciones, personas y hechos sin actuar, creyéndonos cámaras de lo que acontece y únicamente con el propósito, consciente o no, de ocultar o negar nuestra propia responsabilidad. Pongo un ejemplo, en estos días y por desgracia, hablamos o nos hablan de cifras (de fallecidos), enviamos o recibimos fotos (de fallecidos, de ataúdes, de morgues) con tanta frialdad o incluso brusquedad que llegamos a perder el respeto de lo que representa y todo bajo el lema del rigor o la verdad.

Desde el momento que aceptamos como normales esas situaciones, nos volvemos bárbaros, verdugos y como sociedad cómplices de este sistema. Afortunadamente para nuestra tranquilidad, – ironía on – esa responsabilidad es colectiva y anónima. Sin embargo, la condición de víctima es singular, siempre tiene nombre propio, edad, sexo, … y aunque tenemos las mismas probabilidades de estar incluidos en las dos estadísticas, como cómplices o víctimas, seguramente la segunda nos va a afectar de una forma mucho más directa. Procuremos mantener ese punto de empatía (junto al de indignación) necesario para mantener esa condición de humanidad que últimamente estamos perdiendo.

MM/AT

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