La verdad es que, a pesar de las dificultades insuperables, todos nosotros siempre esperamos que algo extraordinario suceda.
Khaled Hosseini
Khaled Hosseini (Kabul, Afganistán, marzo 1965). Escritor afgano nacionalizado estadounidense. Hosseini creció y estudió en los Estados Unidos debido a que su padre, diplomático afgano, no regresó a Afganistán tras la revolución comunista y la posterior invasión de la Unión Soviética. Allí Hosseini cursó estudios de Biología y Medicina en San Diego, trabajando como médico interno en Los Ángeles, labor que compaginó durante varios años con su pasión por la literatura. Cometas en el cielo, su primera novela, alcanzó un gran éxito a nivel internacional, lo que le llevó a dejar atrás la práctica de la medicina para dedicarse de manera profesional a la escritura. Su gran capacidad como narrador se vio refrendada tras el incontestable éxito de su segunda novela, Mil soles esplendidos, que fue publicada en más de 40 países y de donde está extraída la frase.
En 2007, Cometas en el cielo fue llevada al cine con gran éxito por el director Marc Foster, lo que afianzó por completo la carrera literaria de Hosseini, que en 2013 publicó su tercer libro: Y las montañas hablaron. Además, Hosseini también ha destacado por su activismo en favor de los derechos humanos y la ayuda a los refugiados, siendo embajador de ACNUR para varios países, en los que se incluye a su Afganistán natal, donde ha creado una fundación humanitaria.
Escribía Stephen King, “la esperanza es una cosa buena, quizás la mejor de todas, y las cosas buenas nunca mueren”, por muy en contra que tengamos todas las señales siempre esperamos que, por alguna carambola del destino, se solucionen de forma propicia nuestros problemas, es la expectativa – optimista – de que un resultado positivo, favorable, puede llegar a ocurrir, aunque no seamos capaces de verlo. También es la diferencia entre el optimista y el pesimista, ese esperar que suceda alguna cosa que nos ayude en nuestro destino, pero, como siempre, no basta con esperar tenemos que “allanar” el camino para que esa brizna de esperanza llegue a cumplirse, no es suficiente ser optimista, hay que prepararse para que, en caso de que ocurra esa situación favorable, nos encuentre a punto para aprovecharla, “el pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas”, (William George Ward). Así debe ser, esperemos que cambie el viento, pero ajustemos las velas para estar preparados para cuando llegue ese aire que nos dará la fuerza de seguir adelante, o como dice el proverbio ruso. “reza, pero no dejes de remar hacia la orilla”, para que pueda cumplirse la posibilidad de que algo suceda tenemos que poner de nuestra parte todo lo necesario no quedarnos de brazos cruzados esperando y confiando en el destino, porque “las cosas cambian a peor espontáneamente si no son cambiadas para mejor a propósito”, (Francis Bacon).
Aun así, confiando en que algo bueno va a suceder y haciendo todo lo posible por nuestra parte para que se cumpla, es posible que no tengamos la suficiente estrella para que cambie nuestro destino. Entonces aceptemos lo que nos toque con nuestra mejor predisposición, “esperemos lo que deseamos, pero soportemos lo que acontezca”, decía Cicerón, porque esa debe ser la mentalidad, si lo único que hacemos es pararnos en el camino para lamernos las heridas sin seguir luchando no solo acabamos con la esperanza, acabamos también con la confianza en nosotros mismos y en poder mejorar nuestra situación. Luchemos por mejorar las cosas esperando ese poco de ayuda del karma, pero, llegue o no llegue, estemos preparados para seguir adelante con todo nuestro corazón y empeño.
MM/AT
