La Frase de la semana 63

Somos lo que defendemos.

Código da Vinci – Dan Brown

El código Da Vinci es una novela de misterio escrita por Daniel «Dan» Brown (Nuevo Hampshire, Estados Unidos, junio 1964) y publicada por primera vez por Random House en 2003. Se convirtió en un superventas mundial. Al combinar los géneros de suspenso detectivesco y esoterismo Nueva Era, con una teoría de conspiración relativa al Santo Grial y al papel de María Magdalena en el cristianismo, la novela espoleó el difundido interés (sobre todo en Estados Unidos) por ciertas teorías de complots «urdidos en la sombra por poderes ocultos», un fenómeno definido por Brown como el «auge conspiracionista». En el libro, el Opus Dei estaría presuntamente involucrado en una conspiración para encubrir la verdadera historia de Jesucristo, quien se habría casado con María Magdalena y habría tenido descendientes que llegaron a Francia, en concreto la dinastía merovingia. Ésta parte más polémica de la novela, la supuesta descendencia de Jesucristo y María Magdalena no es una invención de Brown, sino que proviene del libro Holy Blood, Holy Grail, traducido al español como El enigma sagrado, escrito por Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln.

Sin ánimo de refutar a Dan Brown (no tengo conocimiento para ello) pero sólo tomando algunos argumentos de quien sí sabe en contra de esta “conspiración”, decir que el tiempo entre Jesús y nuestros días representa un mínimo de 60 generaciones. Incluso si la unión de Jesús y María Magdalena, que no se verifica de forma alguna en la Biblia, hubiera dado lugar a un heredero que fuera presumiblemente mitad divino, para el momento en que la línea hubiese atravesado 10 generaciones, la «sangre divina» (es decir, su contribución génica) no sería mayor que 1/2.032; en la generación 25 solo sería de 1 /66.584.576; y en la generación 60 representaría un contribución infinitesimal así que la idea de que, después de 60 generaciones, esa línea de sangre residiera en una mujer del siglo XXI y no en cientos de miles de herederos, es evidentemente absurda a menos que en cada generación la progenie que diera lugar a la nueva generación sobreviviente fuese de una persona, lo cual sería bastante difícil de aceptar.

Somos lo que defendemos, somos lo que protegemos…” es la cita completa de la película. Para mí, es hablar de ética y de responsabilidad que en los tiempos difíciles que vivimos son las dos grandes cuestiones por valorar; primero ética, definida como conjunto de normas que dirigen el comportamiento humano y que debería ser un componente indispensable para nuestros líderes (y políticos en general), no todo está sujeto a una cuenta de resultados o a un balance hay intangibles que deberían estar por encima de eso, decía David Packard, fundador de HP, “el beneficio no es el fin y objeto último de la empresa, es lo que permite que lo fines y objetivos últimos puedan cumplirse”, la mayor parte de las veces perdemos esa visión – y esos valores – y posponemos ese objetivo esa misión e incluso la filosofía de la empresa a los resultados, se nos llena la boca de palabras grandilocuentes como compromiso, satisfacción, identidad, etc. pero acabamos dando prioridad a los beneficios económicos. Además, siempre tenemos excusa para hacerlo así, si somos multinacional o gran compañía porque nos “debemos a nuestros accionistas” (sic) – aunque el bono de los directores por resultados también influye – y si somos un pequeño comercio porque la viabilidad depende del ahorro a conseguir…

            Y, en segundo lugar, responsabilidad, ser consciente de nuestras obligaciones y actuar conforme a ellas, imposible separarla de la primera, si con ética definimos cuales han de ser las normas con responsabilidad debemos ser capaces de cumplirlas y hacer que los demás las cumplan. Pero sigamos, juntando las dos premisas llegamos a ese concepto tan en boga: ética empresarial, responsabilidad social y sostenibilidad empresarial; si consideramos el concepto sostenibilidad como «el desarrollo que satisface las necesidades de las presentes generaciones sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus necesidades”[1] verificamos que nos queda un largo camino por recorrer. Las cinco mega – competencias que siempre he dicho que son imprescindibles (actitud, esfuerzo, pasión, práctica y diversión) deben ampliarse para los líderes con responsabilidad ética: crear, cumplir y hacer cumplir los valores de comportamiento definidos como esenciales por y para la organización. Esa es la auténtica misión del líder.

MM/AT

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