Por muy lejos que te vayas, nunca conseguirás huir de ti mismo.
Neil Gaiman
Neil «Neilman» Gaiman (Portchester, noviembre 1960) es un autor inglés de comics y escritor de género fantástico. De niño cultivó una gran afición a la lectura, tanto de libros (G. K. Chesterton, C. S. Lewis, J. R. R. Tolkien) como de cómics. Su mayor sueño era convertirse en escritor y por ello no acabó los estudios y se puso a trabajar colaborando en diversas publicaciones como crítico, articulista o entrevistador. Una de esas entrevistas con Alan Moore, le cambió la vida: despertó en él su antigua afición por los cómics y empezó a plantearse la posibilidad de escribir historias para este medio. Después de un par de trabajos de rodaje, en 1986 conoce a Dave McKean, joven dibujante de peculiar estilo y juntos crean su primera novela gráfica, Casos Violentos.
Por aquella época, el éxito de Alan Moore con La cosa del pantano lleva a los editores de DC Comics a buscar nuevos talentos en las islas británicas. Karen Berger, editora de DC, consigue llevar a los Estados Unidos a una generación de escritores que van a marcar un hito en la industria de Comic Book norteamericano; entre ellos se encuentra Gaiman. En 1989 crea la serie Sandman, su obra más conocida dentro del mundo del cómic. Tras el éxito de Sandman, Gaiman comenzó su carrera como escritor, primero con Buenos Presagios, la novelización de su serie para la BBC Neverwhere (1996), consiguiendo el Premio Stoker y el Hugo con American Gods (2001). En 2009 volvió a ganar el Premio Hugo con su novela juvenil El libro del cementerio, que le ha consolidado como uno de los escritores más populares en habla inglesa. Su novela corta Stardust, así como su libro para jóvenes adultos, Coraline, han sido llevadas al cine.
La frase está recogida de su novela el libro del cementerio, y la dice Silas a Ned, este es el párrafo completo: “Les sucede lo mismo a aquellos que creen que marchándose a otro lugar serán más felices; tarde o temprano acaban descubriendo que no es así como funcionan las cosas. Por muy lejos que te vayas, nunca conseguirás huir de ti mismo”.
Querer huir, o sencillamente huir, debe ser el primer paso para reconocer nuestro pesar, y no ser la excusa para evitar enfrentarnos a los problemas, normalmente no es la solución, siempre hay que poner perspectiva todo lo que nos ocurre y para poder afrontarlo el primer paso es reconocerlo. Sentir miedo es una defensa, es poner en duda nuestra capacidad para resolver el problema, es querer afrontarlo, pero no significa que no seamos capaces de solventarlo. La poetisa española Elvira Sastre lo define perfectamente,
“No llames cobarde a alguien que tiene miedo,
solo abrázalo y dile que,
al revés de todo,
los monstruos existen hasta que les pones nombre:
solo los valientes lo hacen.”
Una vez le hemos puesto “nombre” no es necesario seguir huyendo, ¿para qué? Vayas donde vayas los recuerdos van contigo y empapan desde las cosas que tocas hasta las ciudades donde vives. Así que empieza a levantarte, ya sabes “Lo bueno que tiene tocar fondo es que te puedes dar impulso con toda la fuerza hacia arriba”, (ésta es mía), así que coge aire, respira hondo, aprieta los dientes y levanta la cabeza, porque de todo se sale.
MM/AT
