La Frase de la semana 44

La pasión asociada a una discusión es inversamente proporcional a la cantidad de información real disponible.

Ley de la controversia de Benford.

Gregory Benford (Mobile, Alabama, EE. UU., enero 1941) es un físico y escritor de ciencia ficción. Doctorado en física por la universidad de California y profesor de astrofísica en el Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de California, Irvine. Desde 1988 pertenece al Consejo científico de consultores de la NASA, pero la actividad que le ha reportado más fama mundial ha sido la de escritor de ciencia ficción tarea que comparte con su trabajo docente desde que en 1974 publicara su primer relato “Si las estrellas son dioses” en colaboración con Gordon Eklund, y que le valió el premio Nébula. Posteriormente lo convertiría en su primera novela, pero su salto definitivo a la fama lo dio con Cronopaisaje, ganadora de los premios Nébula, John W. Campbell Memorial, BSFA y Ditmar.

La ley de la controversia de Benford es una ley sociológica aplicable especialmente a las discusiones de los foros de Internet, aunque puede aplicarse en general a todo tipo de discusiones. Es la formulación original, tal y como la enunció el autor en la novela Cronopaisaje, y viene a decirnos que los ignorantes son los que ponen más énfasis en discutir lo que no saben. El gran pensador de los siglos XVII y XVIII, G. Leibniz ya decía: “sobre las cosas que no se conocen siempre se tiene mejor opinión”, por lo que parece ser que no hacía falta llegar a la era de internet para conocer personas que por su propia ignorancia ya se veían capaces de opinar sobre cualquier cosa. También Molière ya definía la ley de Benford para su época diciendo: “las personas no están jamás tan cerca de la estupidez como cuando se creen sabias”.                                                                                                          

La sabiduría popular ya lo tenía claro desde siempre con aquello de “dueño de tus silencios; esclavo de tus palabras”, u otra en el mismo sentido “el comienzo de la sabiduría es el silencio”, todas nos llevan a lo mismo, aprender a estar callados o a no hablar más de lo necesario; André Maurois lo resume así: “no decir más de lo que haga falta, a quien haga falta y cuando haga falta”. Ese sería un buen consejo para esas situaciones porque recordemos que el guardar silencio no siempre es señal de sabiduría o de libertad, “cada palabra tiene consecuencias. Cada silencio, también”, decía Sartre, los silencios esclavizan tanto o más que las palabras. Por tanto, no basta con aprender a callar, hay que aprender también cuando hay que responder.

            Sándor Márai (que falleció en 1989, es decir antes del boom de internet) añade una variable más que también hay que tener en cuenta y que hoy en día con las redes sociales ha cobrado mucha importancia, ya no es lo que decimos, hay que añadir también lo que escribimos “todo depende de las palabras. De las palabras que uno dice a su debido tiempo, o de las que se calla, o de las que escribe”, lo que dejamos escrito puede ser otra forma de mostrar nuestra ignorancia – según Benford – al resto del mundo y si “las palabras se las lleva el viento” dejar escrito nuestro parecer con nuestros análisis puede ser la peor manera de mostrar nuestras equivocaciones así que hay que ser consciente y coherente de lo que enviamos a las redes no vaya a ser que dejemos constancia por escrito de nuestra ineptitud.

MM/AT

         

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