La Frase de la semana 41

Dios se ríe de los hombres que se quejan de las consecuencias a la vez que eligen alegremente las causas.

Bossuet

Jacques-Bénigne Lignel Bossuet (Dijon, septiembre 1627 – París, abril 1704) Religioso, predicador y escritor francés. Discípulo de los jesuitas, y entregado a la oratoria sagrada, su fama se extendió gracias a sus sermones fúnebres, como el dedicado a Ana de Austria (en 1667). En 1670 Luis XIV le nombró preceptor del delfín, a quien dedicó diez años de su vida y obras como el Discurso sobre la historia universal (1681). Enemigo del teatro por considerarlo inmoral, en el último período de su vida retornó a la predicación. Entre sus muchas obras cabe destacar, aunque inacabada y editada tras su muerte, Política deducida de las propias palabras de la Sagrada Escritura.  Buscó la unión de católicos y protestantes bajo el gobierno de un rey filósofo cristiano y participó de las polémicas suscitadas en el seno del cristianismo. Muchos de sus textos fueron utilizados como referencia en las controversias religiosas de la época.

Numerosos historiadores lo reconocen como uno de los principales teóricos del sistema político del Antiguo Régimen o monarquía absoluta de derecho divino, cuyos conceptos dominaron la teoría política del siglo XVII en toda Europa y se mantuvieron hasta la época de la Revolución Francesa. El ideario de Jacques Bénigne Bossuet defendía la igualdad entre todos los hombres, pero entendía que la única forma de garantizar la paz y la seguridad era la implantación de un Estado gobernado por un rey cuya autoridad le era dada por Dios, y en quien los hombres debían depositar su derecho natural a regirse. (sin comentarios…)

Lamentar una desenlace cuando has sido el promotor de la acción es, además de una pérdida de tiempo, inútil ya que era previsible. Tenemos que ser capaces de aceptar la realidad que normalmente no se ajustará a nuestra idea, la vida no siempre transcurre como esperamos de ella y cuando eso ocurre, cuando no se ajusta a nuestros intereses o expectativas, además de quejarnos, muchas veces somos incapaces de realizar una crítica del porqué hemos llegado a ese punto. Esa crítica, debe partir de nosotros mismos, de nuestro propio conocimiento, “quien no encuentra armonía en su interior, tiene el hábito de quejarse continuamente”, (Ismael Cala), pues si es nuestra elección debemos saber aceptar las consecuencias.

También puede ocurrir que tengamos por costumbre quejarnos sistemáticamente de todo lo que nos sucede, “siempre quejándote de todo y a la vez fingiendo no darle importancia a nada. Vives de esperanzas, pero no sabes ni qué esperas”, (Julio Cortázar), y así nos olvidamos por completo de agradecer (a los demás, a la propia vida) todo lo bueno que nos pasa; si nos centrásemos más en agradecer nos quejaríamos menos pues realmente tenemos siempre ocasiones y momentos para estar satisfechos. Igual que debemos aprender a vivir con las consecuencias de nuestros actos, debemos aprender a reconocer aquellas situaciones que nos alegran y facilitan la vida, y dar gracias por ellas.

MM/AT

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