Muchas veces las cosas no se le dan al que se las merece más, sino al que sabe pedirlas con insistencia.
Arthur Schopenhauer, (Danzig, actual Polonia, febrero 1788 – Alemania, septiembre 1860), filósofo alemán. Fue hijo de un rico comerciante que se trasladó con su familia a Hamburgo cuando Danzig cayó en manos de los prusianos en 1793. Su madre fue una escritora que llegó a gozar de cierta fama, y el salón literario que fundó en Weimar proporcionó al filósofo la ocasión de entrar en contacto con personalidades como Goethe. En 1805 inició, contra sus deseos, una carrera comercial como aprendiz por voluntad de su padre; la muerte de éste (al parecer, por suicidio) le permitió prepararse para los estudios superiores e ingresó en la Universidad de Gotinga como estudiante de medicina en 1809. Pero la lectura de Platón y de Kant orientaron sus intereses hacia la filosofía, y en 1811 se trasladó a Berlín, donde estudió durante dos años y donde fue introducido por F. Mayer en la antigua filosofía hindú, uno de los pilares, junto con Platón y Kant, del que había de ser su propio sistema filosófico que quedó definitivamente expuesto en su obra El mundo como voluntad y representación.
Su obra no suscitó demasiada atención, aunque sí le ayudó a obtener en 1820, la condición de docente en la Universidad de Berlín. Allí trató en vano de competir con Hegel al que consideró abiertamente como su adversario. Pero no tuvo éxito; en 1825, después de un año de enfermedad renunció a la carrera universitaria, vivió a partir de entonces y hasta su muerte una existencia recluida, que desde 1831 transcurrió en Frankfurt, adonde se trasladó huyendo del cólera que ese mismo año llevó a la tumba a Hegel. En el clima intelectual creado después de la revolución de 1848, su filosofía alcanzó finalmente reconocimiento internacional y ejerció una considerable influencia sobre pensadores como Friedrich Nietzsche.
Insistir es la actitud; es la misma teoría que debemos aplicar a nuestra vida diaria pues así es como alcanzaremos el máximo de posibilidades para conseguir lo que queremos. Muchas veces pensamos que solicitar con obstinación lo que consideramos deberían darnos (o ser nuestro) es una falta de educación o de respeto hacia quien lo solicitamos… y acabamos perdiéndolo; o peor todavía, tenemos vergüenza o miedo de exigir aquello que nos pertenece o que consideramos hemos conseguido y no se nos ha dado o reconocido; así no llegaremos a ninguna parte, ni en lo personal y mucho menos en lo profesional, seguramente, en la mayoría de los casos, no se trata de exigir pero sí de tener el desparpajo para pedir con naturalidad lo que se nos debe. Y si no es así, si quien debe otorgar no lo hace, ya nos justificaran la negativa, pero si no lo exponemos facilitamos a quien debe darnos su denegación y si además la justificación es razonable y satisfactoria, por lo menos nos quedará la tranquilidad de saber por qué no hemos sido compensados.
El refranero español, sabio en cultura popular (y en este caso algo más basto que Arthur Schopenhauer ) ya nos dice aquello de “quien no llora, no mama”, pues eso, sin llegar ser combativos, pero si insistentes, defendamos nuestros derechos y nuestras propuestas hasta el límite de lo razonable.
MM/AT
