La Frase de la semana 32

Nunca dejes las llaves de tu felicidad en el bolsillo de otra persona.

Rabino Najman de Breslev

El Rabino Najman de Breslov (Ucrania, abril 1772 – octubre 1810), o Rebbe, como se le conoce en su círculo de seguidores, es un gran y venerado Tzadik (santo) y un Talmid Jajam (doctor de la ley judía). Continuador y pilar del movimiento jasídico, es bisnieto del Rabino Israel Baal Shem Tov, fundador del movimiento jasídico (quien nació en Medzeboz, hoy Ucrania). Algunos autores acentúan que su contribución principal es la combinación de la Cábala con el estudio profundo de la Torá. Un punto central de sus enseñanzas radica en la alegría. Su consejo continuo es alegría y la oración como herramienta principal en su método espiritual.

Desde niño, el Rebe Najman tuvo el privilegio de ver a muchos de los grandes Tzadikim (hebreo: «Justos – Sabios») que habían sido discípulos del Ba’al Shem Tov. Esto, junto con su noble linaje, lo preparó para su misión en la vida: acercar al pueblo judío a Dios y preparar el mundo para la llegada del Mesías. Hizo un viaje a la Tierra Santa (1798). Su estancia allí lo llevó a nuevas alturas en sus convicciones religiosas, al punto en que más tarde quiso que sólo se registraran en su obra cumbre, el Likutey Moharán, aquellas lecciones que enseñó luego de su peregrinaje. Fue enterrado en el antiguo cementerio de Uman en medio de 20.000 mártires judíos que habían sido masacrados por los Jaidamakos (bandas paramilitares con fuerte carga de lucha religiosa) unos cuarenta años antes.

            Buscar la felicidad en otro/a es una de las equivocaciones más comunes de los humanos, la felicidad, así como el bienestar y la (buena) suerte debemos empezar buscándolos en nuestro interior, debemos ser capaces de “vivir” con nosotros mismos, con nuestras dichas y nuestras penas, decía Jean Paul Sartre: “si cuando estás solo te sientes solo, no tienes buena compañía”, esa es la primera lección, la segunda sería ser coherente en nuestros pensamientos y con nuestros actos, decía H. Bogart en Cayo Largo, ”si la cabeza dice una cosa y toda tu vida dice otra, la cabeza siempre pierde”, si apostamos a encontrar el bienestar en elementos externos a nuestra capacidad de actuación acabaremos decepcionados, o incluso frustrados, pues las cosas no siempre ocurrirán como nosotros esperamos.

            Tampoco debemos buscar la definición de felicidad como la solución de todos nuestros problemas, las complicaciones, o mejor dicho las contrariedades son inherentes a nuestra vida debemos aprender a vivir con ellas, tratar de superarlas, o como mínimo de minimizarlas, “la felicidad no es la ausencia de problemas; es la habilidad para tratar con ellos”, Steve Maraboli, y así disfrutar de lo que tenemos, de lo que somos, no de lo que podemos representar o sentir hacia o para otra persona.

Tenemos que ser capaces de disfrutar los pequeños logros cotidianos, de esos actos que diariamente contribuyen a asistir nuestro día a día, “muchas personas no gozan de las pequeñas alegrías, porque esperan la gran felicidad”, (Pearl S. Buck), y esa “gran” felicidad es más que probable que no sepamos llegar a verla aunque la estemos viviendo, porque “la felicidad es no tener que pensar en ella”, (Seneca) y vivir sólo pensando en alcanzarla, sin saber además realmente qué es, es imposible de alcanzar, “la puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse para abrirla; si uno la empuja la cierra cada vez más”, ·Kierkegaard). Hay que saborear cada momento de dicha, cada instante de bienestar pues la felicidad la encontraremos en todo aquello que nos rodea, y con esos retales de alegría, de bienestar y de serenidad es como construiremos ese todo que nos hará feliz.            

MM/AT

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