La Frase de la semana 31

Cuando pedimos consejo por lo general estamos buscando un cómplice.

Saul Bellow

Saul Bellow (Canadá, junio 1915- Estados Unidos, abril 2005) fue un escritor de origen judío-ruso. Nació en Canadá, pero vivió desde pequeño en Estados Unidos. Novelista y cuentista cuya obra narrativa es leída como una crónica corrosiva, irónica, y a la vez sublime y enérgica sobre el hombre moderno a partir de la descripción del mundo de los judíos en Estados Unidos. Procedente de una familia de emigrantes rusos, vivió en Canadá y luego en Chicago. Estudió en las universidades de Chicago e Illinois y fue profesor de antropología y literatura inglesa en diferentes instituciones docentes norteamericanas.

Sus dos primeras novelas, Dangling Man y The Victim, sólo fueron apreciadas por un círculo restringido de lectores. En 1953 publicó Las aventuras de Augie March, que fue un éxito y obtuvo el National Book Award. En 1959 publicó Henderson, el rey de la lluvia, acerca de un rico y excéntrico personaje, Eugene Henderson, y en 1964 dio a conocer su novela más importante, considerada como un monumento de la literatura contemporánea, Herzog, cuyo protagonista, Moses Herzog, filosofa sobre el absurdo de la condición humana y de la realidad. Recibió los premios Pulitzer y Nobel de literatura en 1976.

            La mayor parte de las veces que pedimos consejo lo hacemos con la idea que reafirmen nuestro pensamiento, que corroboren nuestra idea o que admitan nuestro propósito.  Si no es así, si la respuesta que recibimos no encaja con nuestro propio parecer, además de sentirnos un tanto frustrados, consideramos que, al no conocer tan bien como nosotros el objetivo a conseguir, esa opinión no es tan válida como al principio creíamos. Para pedir consejo debemos estar abiertos a que la opinión que nos llegue no encaje con nuestro propio criterio, porque si no, si sólo esperamos connivencia, más que una opinión, nos dan aseveración; y el objetivo, el fin de pedir consejo, es tomar la mejor decisión para evitar errores posteriores, no agasajar nuestro ego.

 Nicolás Boileau (poeta francés) tiene un par de frases que complementan la sentencia de Saul Bellow, dicen así: “apreciad al que os aconseja y no al que os alaba y “sé para ti mismo un crítico severo”. Con la primera ya nos da a entender que debemos evaluar y escuchar aquellas voces que sean más críticas con nuestro proceder, siempre que provengan de nuestro entorno, amigos, familiares y claro está que aporten valor. La segunda es más peculiar, en según qué momentos y para según qué situaciones tendemos a ser más condescendientes con los demás que con nosotros, dice Elisabeth Kübler-Ross, “somos mucho más indulgentes con los demás que con nosotros mismos”; estamos dispuestos a permitir a los demás cosas que a nosotros mismos nunca nos permitiríamos. En cambio, con algunos de nuestros objetivos personales o profesionales ocurre todo el contrario, nos obcecamos en lo mal que puede salir el plan a conseguir o el coste que puede tener y, para evitar ese daño, desistimos y así nos engañamos con, “lo haré más adelante”, “cuando tenga más tiempo”, “cuando los niños crezcan” o “cuando el trabajo me lo permita”. No debemos esperar, “la persona más fácil de engañar es la que se engaña a sí misma”. (Bulwer Lytton), y ese engaño nos condiciona para siempre.

Puede ocurrir que el pedir consejo tenga una vertiente de consentimiento y en ese camino, el Rabino Najman de Breslev nos habla de aprobación o mejor dicho de no necesitar aprobación, “esfuérzate por no necesitar la aprobación de nadie, y serás libre de ser quien realmente eres”, que es otra forma de indicar que cada uno debe ser libre para tomar sus decisiones sin importar lo que piensen los demás. De cualquier forma, con sugerencias externas, solicitadas o no, o con beneplácito o sin él, procuremos tomar las decisiones después de una sincera reflexión interior.

MM/AT

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