Si soñar poco es peligroso, la cura no es soñar menos, sino soñar más, soñar todo el tiempo.
Marcel Proust
Marcel Proust, (París, julio 1871 – noviembre 1922), fue un escritor francés hijo de un prestigioso médico de familia tradicional y católica, y de una joven alsaciana de origen judío. A los nueve años sufrió el primer ataque de asma, afección que ya no le abandonaría el resto de su vida. Asistió a clases en La Sorbona, sensible al éxito social y a los placeres de la vida mundana, el joven Proust tenía, sin embargo, una idea muy diferente de la vida de un artista, cuyo trabajo sólo podía ser fruto de «la oscuridad y del silencio».
Después de la muerte de su madre (1905), el escritor se sintió solo, enfermo y deprimido, estado de ánimo propicio para la tarea que en esos años decidió emprender, la redacción de su ciclo novelesco, En busca del tiempo perdido. El primer fruto de ese trabajo sería Por el camino de Swann en 1913, cuya publicación tuvo que costearse él mismo ante el desinterés de los editores. El segundo tomo, A la sombra de las muchachas en flor, en cambio, le valió el Premio Goncourt. La novela es la reconstrucción de una vida a través de lo que llamó “memoria involuntaria”. El protagonista es la réplica literaria del autor; aunque lo cierto es que nunca podrían llegar a confundirse, porque, como afirma el propio autor, “la literatura comienza donde termina la opacidad de la existencia”. La obra de Proust, junto a la de autores como Joyce o Faulkner, constituye un hito fundamental en la literatura contemporánea.
“Morir, dormir… ¿dormir? Tal vez soñar.” (Hamlet, 3er. acto, escena I) si William Shakespeare hablaba en boca de Hamlet con la posibilidad de soñar para cumplir sus deseos, aunque en su caso eran deseos de venganza, Marcel Proust nos dice que no hay que dormir para soñar, hay que soñar a todas horas pues así iremos creando el camino para llevar a la realidad nuestros sueños. Además es una gran manera de permanecer jóvenes, porque “no es que las personas dejen de perseguir sus sueños cuando se hacen mayores. La realidad es que las personas se hacen mayores porque dejan de perseguir sus sueños”, (Gabriel García Márquez) que es la peor forma de envejecer, descuidando todo aquello que nos permitía buscar nuestros sueños, nuestros objetivos, en definitiva, conseguir parte de nuestra felicidad. El mismo Shakespeare también nos recomienda, “una persona que no se alimenta de sus sueños, envejece pronto”, (sueño de una noche de verano) pues, como García Márquez está convencido que la forma de no envejecer es mantener vivos nuestros sueños.
Y, ¿qué debemos realizar para cumplir nuestros sueños? ¡dar el primer paso! Ese primer paso no te lleva al final pero te saca de donde estás, ese proyecto, ya lo conviertes en meta, “una meta es un sueño con un plazo”, (Napoleón Hill), es empezar el camino desde el sueño (Inconsciente), pasando por fantasía (imaginación), deseo (conciencia), ilusión (aspiración), intención (anhelo), pensamiento (ambición), acción (esfuerzo) para llegar a la consecución, la realidad.
Para acabar, un párrafo de T. E, Lawrence que refuerza más (si cabe) las palabras de Marcel Proust: “quienes sueñan durante la noche desde rincones polvorientos de la mente despiertan por la mañana para encontrar que aquello que soñaron era vanidad. Pero los soñadores diurnos son gente peligrosa, pues actúan en sus sueños con los ojos abiertos, para que aquello que sueñan se haga realidad”. Así pues, ¡a soñar!
MM
