La Frase de la semana 28

No le tengas miedo a la perfección; nunca la vas a alcanzar.

Salvador Dalí

Salvador Dalí (Figueres, Girona, mayo 1904 – enero 1989) bautizado como Salvador, Domingo, Felipe, Jacinto Dalí, hijo de Salvador Dalí i Cusí, notario, y Felipa Doménech, nació nueve meses y diez días exactos después de enterrado un primer Salvador Dalí, su hermano. Su madre murió en 1921 de cáncer de mama. Dalí tenía solo 16 años y se vio gravemente afectado por su muerte. También en ese año Salvador Dalí fue admitido en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando (Madrid), de la cual se le expulsó acusado de subversión anarquista. Tras ser readmitido de nuevo, fue definitivamente expulsado en 1926 por su excentricidad. Se cuenta que cuando en un examen le pidieron que hablase sobre Rafael, Dalí respondió al tribunal: «Me es imposible hablar de ese sujeto delante de los tres profesores, porque yo sé mucho más sobre Rafael que todos ustedes reunidos».

Al año siguiente conoció a Picasso en París, y se unió al grupo surrealista en el barrio parisino de Montparnasse, con García Lorca tuvo una amistad muy íntima como lo prueba la apretada correspondencia mantenida entre 1925 y 1936. Dalí conoció en 1929 a Helena Diakonova, más recordada como Gala, hija de un abogado ruso y compañera del poeta surrealista Paul Eluard. La vio por primera vez en Cadaqués, junto a su marido y quedó prendado de ella, tanto que en ese momento ya quedaron para verse al día siguiente[1]. Pocos meses después, profundamente enamorados, se van a vivir juntos. Todo lo que representaba Gala para Dalí queda recogido en la frase que le dedicó: “Todo buen pintor que aspire a crear auténticas obras de arte, antes de nada, debe casarse con mi esposa”. Dalí falleció en el hospital de Figueres a los 84 años.

Salvador Dalí fue el representante más popular del surrealismo (aunque fue expulsado de la sociedad oficial surrealista) y es reconocido mundialmente por su obra repleta de imágenes oníricas. Dejó huella en el mundo de la ilustración y del grabado, realizó una notable cantidad de esculturas y de joyas y dejó también su obra en el mundo escénico a través de la creación de ballets, escenografías y vestuario para óperas. Sus obras son conocidas por un importante trato de los detalles, a los que da mucha luz y color, ese trato a los detalles, a la perfección es lo que plasma en la cita que he elegido esta semana; buscar la perfección, no dejar nada (in)acabado si no estamos completamente convencido de su finalización, de que no podemos aportar nada más. Sea un cuadro o un objetivo profesional, sea una escultura o una aspiración personal, hay que aportar siempre el máximo de nuestra capacidad.

La perfección, como fin, debemos buscarla en todos los objetivos que nos propongamos, cuanto más perfeccionemos nuestras acciones más cerca estaremos de la calidad, “somos lo que hacemos de forma repetida. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito”, (Aristóteles), ese hábito que nos hará ser mejores cada día debemos adquirirlo como Dalí, a través del cuidado de los pormenores, “la suerte es el cuidado de los detalles”, decía Winston Churchill, y así cuidando todos los datos, todos los elementos tendremos capacidad para minimizar las equivocaciones – en un proyecto – o para maximizar los aciertos – en un empeño y “llamar” a esa suerte.

MM/AT

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.