Cuando veas un gigante, examina antes la posición del sol; no vaya a ser la sombra de un pigmeo.
Novalis
Novalis (Sajonia, mayo 1772 – marzo 1801) fue el seudónimo utilizado por el escritor y filósofo alemán Georg Philipp Friedrich von Hardenberg, representante del Romanticismo alemán, tomó el nombre de Novalis de un antiguo título nobiliario de su aristocrática familia. Las concepciones estéticas de Novalis, cuya obra constituyó un canto a la integración mística de espíritu y naturaleza, influyeron notablemente en el desarrollo posterior del romanticismo europeo.
La muerte de su prometida, la jovencísima Sophie von Kühn, a causa de la tuberculosis (1797), le sumió en una profunda crisis espiritual. En sus Himnos a la noche, colección de poemas en prosa y verso, el poeta exalta la noche, identificada con la muerte, como el paso hacia la «vida verdadera». En 1798 marchó a Freiberg para estudiar geología, y en 1799 se convirtió en administrador de minas en Weissenfels, poco antes de su prematura muerte, también a causa de la tuberculosis. Su obra publicada en vida se limita a los Himnos y a dos series de Fragmentos (Fragmente) aparecidos en la revista Athenäum en mayo de 1798. El conjunto de su producción fue publicado a su muerte por Friedrich Schlegel y Ludwig Tieck.
Nuestro refranero tiene una cita parecida, aquella de “no es oro todo lo que reluce” aunque la frase de Novalis es más acertada a la hora de plantearla a la visión de personas. No debemos dejarnos engañar por la posición, el (posible) éxito o popularidad de las personas sin revisar en profundidad si realmente están allí por méritos propios, por carisma o únicamente han sido aupados por el poder, los medios de comunicación o los “padrinos” que pueda tener. En el caso de las empresas o en la vida profesional ese sol que nos deslumbra, que no nos permite ver con claridad la talla real de la persona a la hora de valorarla, por ejemplo en un proceso de selección, acostumbra a ser un excelente currículum, una labia excepcional en las entrevistas, “aquello de saber venderse” o simplemente una recomendación por alguien que, en principio, nos merece absoluta confianza y que puede estar (o no) igual de engañado.
Normalmente ese pigmeo con sombra de gigante puede aparentar durante cierto tiempo, pero al final siempre nos acaba mostrando su realidad: “la gente no cambia, sólo se cansa de fingir”, (anónimo), y es que voluntaria o involuntariamente todos acabamos demostrando como somos. Siendo cierto que no podemos mentir sobre las aptitudes y conocimientos que podamos poseer también es cierto que podemos ser capaces de crear un contexto que nos permita lograr mejoras en nuestra propia personalidad, como siempre con actitud y esfuerzo, Patrick Rothfuss en su libro El nombre del viento, lo expresa así: “existe una conexión fundamental entre lo que uno parece y lo que uno es. Todos nos convertimos en lo que fingimos ser”. Eso sí, siempre que tengamos la fuerza de voluntad necesaria para alcanzar ese cambio.
MM/AT
