La vida es como el café o las castañas en otoño: siempre huele mejor de lo que sabe.
Maruja Torres
María Dolores Torres Manzanera (Barcelona, marzo 1943), más conocida como Maruja Torres, es periodista y escritora. Nacida en el barrio barcelonés del Raval, de familia murciana muy humilde, a los 14 años conoció a Terenci Moix y a su hermana Ana María, con quienes trabó amistad y con los que compartía la pasión por el cine. También mantuvo toda su vida otra amistad del barrio del Raval: Manuel Vázquez Montalbán, quien más tarde le pedirá su colaboración en la revista Por Favor. Empezó en el periodismo trabajando como secretaria de redacción en La Prensa, pese a no tener formación académica en dicho campo y ni siquiera certificado de estudios primarios, gracias a la recomendación de la escritora Carmen Kurtz. Pronto colaboró en diversas publicaciones más, como las revistas Garbo, Fotogramas, El Papus, La Calle y, entre 1979 y 1981, en dos cabeceras clave de la época: el diario Tele Exprés y Mundo Diario.
Su incursión en la literatura comienza en 1986, con la publicación de ¡Oh es él! Viaje fantástico hacia Julio Iglesias, pero fue con Amor América: un viaje sentimental por América Latina en 1993 que, como confiesa, aprendió a escribir. Siete años más tarde vendría la consagración con el premio Planeta por Mientras vivimos. Le fue otorgada la Creu de Sant Jordi en 2004 y la Medalla de Oro a las Bellas Artes en 2006. Después de la guerra entre Hezbolá e Israel, que cubrió desde el Líbano, decidió instalarse en Beirut por un tiempo, y fue allí donde escribió Esperadme en el cielo, ganadora del Nadal 2009. En mayo de 2013 abandona el diario El País y desde octubre de ese mismo año escribe su columna de opinión en eldiario.es.
Los dos ejemplos que pone Maruja Torres en su cita son lo suficientemente claros para hacerse entender, tanto el café como las castañas tienen su punto de amargor, de aspereza o de acidez cuando los pruebas, tal como es la propia vida. Podemos engañar al olfato, a la vista, pero no al gusto, podemos engañarnos por lo que vemos, por lo que olemos e incluso por lo que oímos, pero una vez “probamos” esa vida nos damos cuenta de que no es tan perfecta ni tan apetitosa como creíamos. Los ingleses tienen un refrán que define bastante bien esa idea: «the grass is always greener on the other side of the fence», “La hierba siempre crece más verde al otro lado de la cerca”, o eso nos creemos nosotros; hasta que entramos en ese jardín y vivimos la realidad.
Montesquieu también definió esa parte de envidia de “la vida de los otros”: “queremos ser más felices que los demás, y eso es muy difícil, porque les imaginamos mucho más felices de lo que son”. Al final la realidad es que “nadie sabe las goteras de una casa hasta que está adentro”, (Jorge Bucay), que recuerda aquel proverbio siux: “antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus mocasines”, aunque este ya nos aleja del primer sentido de la vida para centrarse en las personas. No así la frase de Henry Fonda, “todos encontrarían su propia vida más interesante si dejaran de compararla con la de los demás” que vuelve al sentido de Maruja Torres y de Montesquieu.
Al final, sea olor, vista o sabor hay que pasar por este mundo como decía la actriz Isabelle Adiani, “la vida hay que vivirla, y no pasarla discutiendo sobre ella”, es decir, disfrutando de lo que tenemos sea mas dulce o más amargo, más áspero o más suave, porque hay que jugar con las cartas que nos han tocado y saber sacar la mejor mano posible, míralo de esta manera: “la vida es el material de una escultura por cincelar, puede estar hecho de muchos ingredientes y contener diferentes componentes con qué trabajarlo, pero al final, eres tú quien acabará dándole forma y color, procura, pues, sacar la mejor figura y ese será tu éxito y tu legado”.
MM/AT
