No se es valiente, sino se tiene miedo.
Roky Erickson
Roky Erickson, nacido Roger Kynard Erickson, (Texas, julio 1947) es un cantante y compositor estadounidenses de rock, aunque también toca la armónica y la guitarra. Es conocido por ser el fundador y el líder de la banda de rock psicodélico 13th Floor Elevators y por ser, a su vez, un pionero de ese género, al influir notablemente en bandas similares contemporáneas.
La vida de Roky Erickson da para escribir varios tomos de biografía y rodar varias películas, aunque me alargo, os traslado una parte de ella: en 1969 la policía le encontró un porro y lo condenaron a diez años de cárcel (si, por un porro), Roky alegó locura para eludir la cárcel y lo condenaron a pasar esos diez años en un hospital psiquiátrico. El Ruck State Hospital donde fue confinado era famoso porque en una revuelta el año anterior los internos, (en venganza) les habían aplicado a los médicos electroshocks al grito, literal, de: “¡Vamos a darles electroshocks hasta que se caguen!”. Siendo un recluso más, Roky trató de aislarse de ese ambiente, sentado en un rincón, se dedicaba a componer música. Pero su psiquiatra en el centro reveló que al final terminó formando un grupo de rock con otros internos: “El bajista había matado a dos niños, violó a la madre, la acuchilló con un bolígrafo y le sacó un ojo, el guitarrista había matado a sus padres y otro había violado a un niño y lo había asesinado después”, recuerda el doctor.
Estuvo ahí metido cerca de tres años. Recibió electroshocks y un tratamiento a base de antipsicóticos. Al cabo de tres años, la presión de su familia, la de un abogado que le dio por investigar qué hacía un tío condenado por llevar un porro en el bolsillo entre los asesinos más peligrosos del país, y que Roky empezó a mostrar interés en Jesucristo, sirvió para que saliera. Pero ya no era el mismo. Decía que era un alienígena.
Para valorar la valentía se ha de conocer que es el miedo, si no, no es valentía es temeridad, imprudencia o necedad. Para actuar con valor, hay que saber que existe un riesgo, que el hacerlo supone un peligro y que, aun así, estamos dispuestos a seguir adelante. Si somos capaces de valorar en su justa medida ese riesgo tendremos también la capacidad de ajustar hasta el límite nuestro valor, “el riesgo siempre vive” llevaban escrito en el casco los militares galácticos en la película Aliens, El Regreso, en la misma línea va la frase de Las dos torres: “cuanto más cerca del peligro, más lejos del daño”, recordando que si somos capaces de asumir el peligro que comporta el hecho que tengamos que hacer, y ponemos toda la atención y medios necesarios para controlarlo, estaremos minimizando las posibilidades de sufrir algún contratiempo. No es más que una revisión de la sentencia de Sun Tzu, “triunfan aquellos que saben cuándo luchar y cuándo no” pues la forma real de valorar la valentía es saber cuándo debemos entrar en el conflicto, cuando tenemos opción de ganarlo o como mínimo de combatir con ciertas garantías.
MM/AT
