Somos la generación más afortunada que jamás haya existido. Y somos la generación más afortunada que jamás existirá.
George Monbiot
George Joshua Richard Monbiot (enero 1963) es un escritor británico conocido por su activismo medioambiental. Escribe una columna semanal para The Guardian, y es autor de varios libros, entre ellos, Captive State: The Corporate Takeover of Britain (2000) y Feral: Búsqueda de encantamientos en las fronteras de la reconstrucción (2013). Es el fundador de The Land is Ours, una campaña por el derecho de acceso al campo y sus recursos en el Reino Unido.
Después de graduarse con un título en zoología, Monbiot se unió a la Unidad de Historia Natural de la BBC como productor de radio, realizando programas de historia natural y medio ambiente. Se trasladó al Servicio Mundial de esta misma cadena, donde trabajó brevemente como productor y presentador de temas de actualidad, antes de ir a investigar por su cuenta y escribir su primer libro. Trabajando como periodista de investigación, viajó a Indonesia, Brasil y África Oriental. Sus actividades lo llevaron a convertirse en persona non grata en siete países y a ser condenado a cadena perpetua (en ausencia) en Indonesia. En estos lugares, también recibió un disparo, fue golpeado por la policía, naufragó y tras ser picado por avispones venenosos quedo en coma. Regresó a trabajar en Gran Bretaña después de ser declarado clínicamente muerto en el Hospital General de Lodwar en el noroeste de Kenia, habiendo contraído malaria cerebral. Monbiot narró el original del video “cómo los lobos cambian los ríos” – puse el link hace un par de semanas- sobre la restauración de los ecosistemas y el paisaje cuando los lobos fueron reintroducidos en el Parque Yellowstone. En 1995, Nelson Mandela le otorgó el Premio Global 500 de las Naciones Unidas por sus logros ambientales sobresalientes.
Como podéis imaginar por su biografía la frase de George Monbiot tiene que ver con la situación actual de nuestro planeta y la “posibilidad” de apreciar (todavía) animales en “los tiempos del gran exterminio” en el que estamos viviendo. Según WWF, desde 1970 hemos eliminado el 60% de los animales salvajes y actualmente solo el 4% (¡SOLO EL 4% ¡) de los mamíferos son salvajes, el resto somos humanos y animales domésticos; el propio Monbiot llama a nuestra época el “ecocidio”. No es un tema nuevo ya Friederich Nietzsche decía, “la tierra tiene una piel y esa piel tiene enfermedades; una de esas enfermedades se llama hombre”. Lo kafkiano del tema es que los seres humanos nos hemos apropiado de los animales, los explotamos de forma cada vez más brutales, y, sin embargo, seguimos diciendo que nos gustan… ¿no es paradójico? lo cierto es que de los animales nos gusta su apariencia, su aspecto externo, color, forma, tacto del pelaje, movimientos o sonidos, pero disociamos la apariencia de los animales del resto de su identidad. Es decir, minimizamos los animales hasta convertirlos en ornamentos, a veces, sin ni siquiera darnos cuenta. Haced la prueba, ¿cuántos objetos tenéis en casa con dibujos o representaciones de animales? Y no solo eso, reducimos los animales a símbolos (desde coches a compañías de seguros) o los utilizamos como metáforas (como ocurre en las fábulas o en las películas, si no preguntar a Disney…) dándoles características o virtudes humanas en vez de valorarlos por lo que realmente son: salvajes. Les hacemos perder su naturaleza, su proceso biológico y después los exterminamos sin darnos cuenta; “produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha”. (Víctor Hugo). Tenemos pájaros en jaulas, peces en acuarios, algunos tienen animales exóticos en condiciones deplorables, y ¿todo por qué? Porque nos gustan… vaya proceso mental más macabro y retorcido. Y ya no entro en los abandonos y lo que ocurre con según qué animales en libertad…[i] Pensemos, por ejemplo, en los pájaros enjaulados, no pueden volar o lo hacen en condiciones super reducidas cuando algunos de ellos realizan migraciones de miles de kilómetros, no pueden elegir qué comer, ni cómo anidar, ni buscar pareja, ni cuando aparearse… pero nos “alegran la vista” teniéndolos en casa; “la tierra provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la avaricia de cada hombre”, (Mahatma Gandhi). Tenemos que (volver) a aprender que los animales no son cosas que poseer, herramientas, adornos u objetos de lujo, esperemos que gracias a voces como las de Monbiot, Edward Wilson o Carl Safina (lectura recomendada: Mentes maravillosas, lo que piensan y sienten los animales) vayamos abriendo nuestra mente y seamos más cuidadosos con nuestro propio planeta y su biodiversidad.
MM/AT
