La Frase de la semana 4

Hace más ruido un árbol que cae que todo un bosque que crece. 

Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga

Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, (Tegucigalpa, diciembre 1942), es un cardenal hondureño de la Iglesia católica y arzobispo de Tegucigalpa. Realizó sus estudios primarios y secundarios en el Instituto Salesiano San Miguel, graduándose de bachiller, ingresando en la Congregación Salesiana (Sociedad de San Francisco de Sales) en 1961, poco antes de completar su formación de magisterio; estudió teología y filosofía en el seminario, además de música clásica, su pasión juvenil, posee estudios de piano, saxofón, armonía y composición y dirigió una orquesta en el seminario mayor. Es además un destacado intelectual, doctorado en teología en la Universidad Pontificia Salesiana antes de estudiar psicología clínica y psicoterapia en Innsbruck. Domina cinco idiomas además de su idioma natal: inglés, francés, italiano, alemán y portugués, además posee el título de piloto aeronáutico.

En 1981 fue nombrado Obispo de la Diócesis de Santa Rosa de Copán, cargo que administró hasta 1984. El 8 de enero de 1993 fue nombrado arzobispo de Tegucigalpa. En el consistorio del 21 de febrero de 2001 el papa Juan Pablo II le nombró cardenal de Santa María de la Esperanza y fue el primer hondureño en obtener esta dignidad. En la iglesia hispanoamericana es generalmente reconocida su habilidad para conjugar modernidad y tradición. En los días posteriores al ataque a Irak a finales de marzo de 2003, declaró que las verdaderas armas de destrucción masiva son la pobreza y la injusticia, que es preciso repensar los principios del derecho internacional y que los países más pequeños, como los de Hispanoamérica, no pueden negociar como vasallos de un imperio. Desde 1996 dirige la Conferencia Episcopal Hondureña.

            La repercusión de un acto nocivo, perjudicial o simplemente de mala suerte siempre es mucho mayor que cualquier acción positiva. Lo mismo ocurre con nuestras emociones, cualquier situación que desemboca en una emoción negativa tiene un resultado mucho más penetrante y un efecto más dominante que un sentimiento o emoción positiva. Ya he mencionado en alguna ocasión lo que es el efecto heliotrópico, en psicología positiva es el movimiento (y esfuerzo) que debe hacer nuestra mente para enfocarse más en las cosas positivas que en las negativas, la doctora Bárbara Fredrickson menciona que las personas altamente felices tienen una proporción de tres eventos positivos a uno de eventos negativos, es decir debemos “contrarrestar” cada suceso negativo con, como mínimo, tres sucesos positivos.

Ese “árbol que cae”, que nos desalinea de nuestra vida normal y que seguramente (la mayor parte de las veces) es un asunto con una importancia nimia, nos descoloca lo suficiente como para hacernos cambiar el humor sin apreciar la multitud de cosas que nos están ocurriendo día tras día y que si pensáramos un poco veríamos que nos ayudan a mantener y llevar nuestra vida de forma alegre o como mínimo plácida. Esos eventos positivos que muchas veces no vemos, pues no son tan relevantes como para que los apreciemos como tales, son los que debemos aprender a valorar en nuestro día; no nos va a tocar la lotería cada semana, no nos van a subir el sueldo cada mes, pero seguro que hay una cantidad de acciones o situaciones positivas que nos están ocurriendo y que si nos paramos a pensar veremos que ocurren cada día, debemos educar a nuestra mente a reconocerlas y a valorarlas. Así que, sonríe y a la calle.

MM/AT

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.