Hay dos maneras fáciles de moverse por la vida: creerlo todo o dudar de todo. Ambas nos evitan pensar.
Alfred Korzybski
Alfred Korzybsky, (Varsovia, julio 1879 – Connecticut, marzo 1950) Psicólogo y lingüista estadounidense de origen polaco. Era originario de una familia aristocrática entre cuyos miembros se contaban varios matemáticos, científicos e ingenieros. Aprendió polaco en su hogar, ruso en la escuela y, al tener una institutriz francesa y otra alemana, alcanzó fluidez en estas cuatro lenguas desde niño. Korzybski se educó en la Universidad Tecnológica de Varsovia. Durante la Primera Guerra Mundial fue oficial de inteligencia del ejército ruso. Tras resultar herido en la pierna dejó el campo de batalla y se trasladó a Norteamérica en 1916 para coordinar el aprovisionamiento de artillería al frente. Tras la guerra decidió permanecer en los Estados Unidos, país en el que obtuvo la ciudadanía en 1940.
Su primer libro, Manhood of Humanity propone y explica en detalle una nueva teoría de la humanidad en la que destaca la capacidad de ésta de transmitir conocimiento durante generaciones (time-binding), lo que distingue a nuestra especie del resto de animales. Es considerado como el creador de la llamada «semántica general». La semántica general tuvo un enorme éxito en Estados Unidos durante las décadas de 1930 y 1940. Su obra influyó en los campos de la terapia Gestalt, la terapia racional-emotiva-conductual (o por sus siglas en inglés REBT-Rational Emotional Behavioral Therapy) y la programación neurolingüística. Otra de sus frases más conocidas es: “Quizás Dios perdone tus pecados, pero tu sistema nervioso no lo hará”.
Decía Walter Lippmann, “cuando todos piensan igual, ninguno está pensando”, es lo que ocurre cuando damos por buenos los argumentos (o sofismas) de los demás sin titubear, puede ser una decisión, o más bien una orden, por ejemplo, de nuestro superior, pero acatarla sin sopesar sus repercusiones nos hace cómplices de los resultados y por tanto culpables de las consecuencias. Creerlo todo, Patrick Rothfuss en el libro el temor de un hombre sabio le da una definición muy precisa, “obedecer ciegamente la ley es ser un esclavo”, cumplir las órdenes o hacer cumplir la ley sin sopesar las situaciones y las particularidades de cada momento nos hace llegar a confundir ley con justicia y se puede aplicar justicia y no ser justo, así también nos evitamos pensar.
También puede pasar que ese “creerlo todo”, no sea cierto, que sea una postura (¿inteligente?) para evitar complicaciones, “si eres necio, podrás dejarte engañar; si eres listo, deberás dejarte engañar; ya sabes la diferencia” (Stendhal en “Rojo y negro”), es otra manera de afrontarlo y, aunque así no te engañen los demás, te engañas tú mismo, lo que me parece peor todavía. No se trata de ir por la vida discutiendo con todo el mundo o poniendo en entredicho todas las normas que nos encontramos, se trata de sopesar las diferentes opiniones y mejor todavía hablar con las personas que no comparten tu opinión. Qué importante es eso. Y que pocos lo hacen. Es la única manera de comprobar si “nuestra” realidad, “nuestra” verdad es la única o puede ser relativa y por tanto diferente a como nosotros la vemos.
MM/AT
