La Frase de la Semana 2

Gracias a la educación, hay menos analfabetos y más imbéciles.

Alberto Guinon

Albert Guinon (abril 1861 – marzo 1923) fue un dramaturgo y periodista francés. Escribió un buen número de excelentes obras, de las cuales destacan: Le Bonheur; Nouvelles Remarques autour de la Querre; Remarques autour de la guerre; Son père; Decadence y también un sinfín de frases que han llegado hasta nuestros días y que son perfectamente aplicables a nuestro momento.

No estoy cien por cien de acuerdo con la frase de Alberto Guinon, creo que existe todavía un gran número de analfabetos, no porque no tengan estudios sino porque su analfabetismo es de cerrazón mental. Lo que sí es cierto es que las discusiones (¿negociaciones?) de hoy en día se tienen a otro nivel y con otro talante (¡por suerte ¡). Dice Radko Tichavsky (Homeopatía para las plantas) “los libros curan a la más peligrosa de las enfermedades humanas: la ignorancia”, y yo añadiría: “de lo que no nos libra el conocimiento es de la estupidez”. No hay una gran diferencia entre las dos categorías cuando utilizamos las dos palabras dejando de lado el insulto. Por su definición, analfabeto es la persona que no sabe leer ni escribir y, por extensión, ignorante o inculto; imbécil es aquel tonto o falto de inteligencia, persona que molesta haciendo o diciendo tonterías. Y marcando un camino entre las dos tenemos el analfabetismo emocional, concepto que hace alusión a la incapacidad para manejarse y ser dueños de nuestras emociones en los contextos sociales donde tenemos que movernos.

Todos conocemos grandes personas, en el sentido de instruidas, que pueden ser unos auténticos idiotas; es más, cada uno de nosotros podemos crear nuestro propio ranking por afinidad o mejor dicho por diferencia de los que consideramos merecedores de ese adjetivo. El mejor ejemplo, o por lo menos el primero que se me ocurre, el de los políticos, aquel que para unos es un líder incuestionable y ejemplar, para otros es un cretino y abominable corrupto… pero también tenemos ejemplos en cualquier otra actividad: escritores, músicos, profesores y, como no, jefes. Podemos tener jefes que fueron muy buenos estudiantes, con un excelente currículo universitario, pero eso no garantiza que sean buenos líderes; podemos líderes y puede que algunos hayan sido excelentes estudiantes, pero no es una regla de tres perfecta. La educación – como conocimiento – no garantiza buenos jefes, a veces no garantiza ni jefes educados en el sentido de considerados, por tanto, ya buscar que sean influenciadores y motivadores es un auténtico milagro.

            Tenemos otra gran frase de Alberto Guinon dirigida a la política y la democracia pero que sin duda podríamos trasladar a cualquier otro ámbito, “cuando no se elige al más animal de todos, parece que no es realmente democracia. A fuerza de conceder derechos a todo el mundo, la democracia es el régimen que mata con mayor seguridad la bondad.”  La verdad, viendo los políticos – de todos los colores – que tenemos hoy en día, parece que, efectivamente, seguimos por ese camino. Trasladada a nivel empresarial podríamos igualarla con el famoso principio de Peter, aquel de: “con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones”, es decir ascender a un buen empleado para convertirlo en un mal jefe, desgraciadamente hoy todavía situación bastante habitual y mientras, como reza la segunda parte del principio de Peter, “el trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia”. MM/AT

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